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Por Héctor Raúl González 

Félix Serdán Nájera“La vida para mí es un don que he tenido la sensibilidad de poder dedicar al servicio de mi pueblo, y quisiera, dentro de lo posible, seguir viviendo, pero activo, para continuar esta tarea de luchar por un pueblo culto, por un pueblo que recobre su dignidad, por un pueblo que sea feliz”.

Hijo de zapatistas, incansable guerrillero, brazo derecho de Rubén Jaramillo durante la lucha jaramillista en el estado de Morelos, secretario del movimiento insurgente y Mayor Honorario del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Félix Serdán Nájera, encabeza actualmente, a sus 90 años, el proyecto del Instituto Cultural Autónomo Rubén Jaramillo en el municipio de Jojutla, Morelos.

¡Quiero una vaca!

Yo nací en plena Revolución de 1910, o sea que nací en el año 17. En esa etapa, los carrancistas perseguían a los zapatistas y estos pues se defendían. Mi padre era soldado zapatista y no podía vivir junto con mi madre, por eso fui a nacer al pie de un cerro de Jojutla. Como a la edad de un año, nos venimos a San Nicolás Obispo, ahora llamado Galeana y reconozco como pueblo de origen a Galeana.

Mi padre tenía ganado pero, finalmente, lo perdió porque los carrancistas se lo llevaron. Entonces mi niñez fue un poco difícil. Tendría unos cinco años y soñaba con tener vacas. Mi padre me daba dinero y yo lo guardaba siempre pensando en la vaca.

Una ocasión, recibió mi padre la liquidación de un cultivo de arroz y llegó con dos bolsas de lona llenas de monedas. Dos mil pesos traía, que en aquél tiempo eran una fortuna. Le pedí dinero y me dio un peso.

Un día, estaba jugando en el patio cuando veo que va pasando un señor que llevaba vacas y corro a ver a mi papá: ¡papá, papá, papá! ¡Ten! ¡cómprame una vaca! Y compró la primera vaca.

Ese día, además de mi vaca, compró otra, dos yeguas y una yunta de toros. Fue así como empezó la producción en su ranchito.

Héctor Raúl (HR): ¿Cómo se llamaba su papá?

Don Félix Serdán (DFS): Sotero Serdán Quevedo

HR: ¿Y su mamá?

DFS: Teódula Nájera Soto

HR: ¿Los dos eran de Morelos?

DFS: Bueno sí, los dos eran de Morelos, pero mi padre era hijo de una indígena llamada Tiburcia Quevedo, de Coatetelco y él fue originario de Galeana, de aquí de Jojutla

La casa de Don Félix es de la única manera en la que podría ser la casa de un excombatiente revolucionario: está en un terreno grande, amplio, con pendientes, subidas y bajadas; lleno de tierra y hierbas, como si la casita de piedras y tejado hubiera sido instalada en medio del monte, así nada más. Muchos árboles, mucha vegetación y fauna por todos lados.

Cuando uno llega, tiene que cruzar al terreno de la casa por dos láminas de metal unidas entre sí que funcionan como puente, porque paralelo a la calle corre un canal de agua. Después, hay que subir la primera de las pendientes por un camino que se hizo sólo.

Lo primero que se nota es un metate al lado del comal sobre filas de tabiques, que humeante, espera ser utilizado.

Afuera de la casita compuesta por dos altas habitaciones comunicadas entre sí, hay una banquita de madera pegada a la pared. Ahí esperamos al Mayor, a Don Félix Serdán para que nos diera la entrevista…

 -¿Buenas tardes Don Félix, se acuerda de nosotros?
 -No, es que ya no veo bien, pero si me recuerdan quienes son…

Vestido con una camisola beige de alguna compañía de energía nacional, un pantalón café de vestir y botines negros, se dispone a darnos la entrevista…

HR: Espero que no le moleste que hayamos interrumpido alguna de sus actividades.

DFS: No, no hay problema, no.

HR: ¿Qué estaba haciendo ahorita, antes de que llegáramos?

DFS: Bueno, estaba trabajando allá, en un pedacito de tierra que tengo de cultivo, acá arribita.

A sus 90 años, se mantiene fuerte y rígido como un roble. Su postura siempre correcta, siempre alineado. Cuando habla, cuando utiliza esa voz ronca para contar su historia, la historia de un pueblo, la historia de la revolución, conmueve; a uno lo hace vibrar con sus palabras. Su rostro tierno, surcado por el tiempo, por el campo, por la lucha social, transmite emociones cada que rememora su pasado.

Poseedor de una envidiable memoria, recuerda fechas, nombres y apellidos, datos, números, acontecimientos. Piensa en sus días felices y sus días malos, y ahora, él mismo es quien nos abre las puertas de su memoria y de su corazón… Aunque sigue siendo un hombre valiente, de vez en vez sus ojos dejan escapar alguna lágrima…

¿A la escuela? ¡Sí papá!

Una de las cosas que recuerdo mucho es cuando empecé a ir a la escuela, como a los seis años. Las maestras me tenían mucha estimación y yo era muy apreciado por ellas. Era una simpatía recíproca. Una de ellas se llamó Tomacita Carreño y otra se apellidaba Agüero.

En ese tiempo la escuela era incipiente. Se empezaba a trabajar en ella y no llegué más que hasta tercer año porque para continuar tenía que ir hasta el centro de Jojutla.

Pasó el tiempo y me hice… pues ya jovencito. Tenía como trece años y mi papá me preguntó: hijo, si yo pudiera mandarte a estudiar ¿te gustaría estudiar? yo le contestaba: ¡sí papá! Y cuando andábamos trabajando se repetía la pregunta.

Finalmente en 1931, que ya había cumplido los 14 años me dijo: ¿entonces te vas a estudiar hijo? ¡Sí papá! Pues me empezaron a arreglar ropa y en enero nos fuimos a México. Allá me compraron lo necesario para mi uso personal y creo que fue como el día primero de febrero o fines de enero cuando nos despedimos. Él se vino para Morelos y yo me fui a Querétaro.

Un primo hermano mío, que mi papá lo había mandado a estudiar antes me dijo: mira, no vayas a cometer el error de ponerte en tercer año, mucho menos en cuarto, más vale que te suban y no que te bajen. Entonces me puse en segundo año y en segundo año apenas si pude, pero a medio año me pasaron a tercero y pues realmente ahí terminé la primaria completa.

De esta manera terminé mis estudios de primaria en Querétaro. Posteriormente, hice la lucha por seguir estudiando pero pues ya tenía como 19 años y se me atravesó por ahí una chiquilla, nos enamoramos y surgieron los problemas de que pues era yo muy pobre, y sus padres se oponían por lo mismo. Entonces, me vine a buscar empleo en el Ingenio de Zacatepec. Me dieron trabajo como ayudante de jefe de grúa, que era el que llevaba la cuenta del tonelaje que se iba metiendo en el Ingenio.

¿Maestro yo? No estudié para eso, pero tenía vocación.

Pasó un buen tiempo de esta etapa, se vino el temporal en el campo y mi padre me dijo: hijo ya vamos a sembrar. Buscamos a una persona que hiciera el trabajo que yo debía de hacer y yo seguí trabajando en el Ingenio.

Empecé también a ir a una esuela que más tarde sería el Tecnológico de Zacatepec, y según los maestros iba yo muy bien, entonces me dijo mi padre: hijo si no puedes atender el trabajo del campo tú, personalmente, mejor no sembramos. Dejé el trabajo en el Ingenio para trabajar durante el temporal.

Al año siguiente busqué trabajo nuevamente en Zacatepec, pero ya no en la fábrica, sino como aprendiz de tractorista y pues la misma: llegó nuevamente la época de temporal y tuve que dejar el trabajo de tractorista para ayudarle a mi papá.

Posteriormente, vino la época en que me casé, vinieron los primeros hijos y por una cosa muy casual me fui a Valle de Vázquez (Tlaquiltenango, Morelos), lugar del que era mi esposa, y pues tuve la voluntad de que en la primera asamblea de ciudadanos de ese lugar me presentara como un vecino de la población y me puse a las órdenes de la Asamblea.

Empecé a hacer trabajos de la comunidad, tales como hacer escritos, participar en comisiones y resulta que un día estaba yo haciendo algún trabajo en la casa cuando llega la autoridad municipal: Don Félix, vengo a verlo porque acabamos de tener una asamblea y tomamos el acuerdo de proponerle que atienda una escuela, nosotros le vamos a pagar.

Me sorprendió, oye Tomás, le dije, pero si yo no estudié para maestro. Me contestó: miré Don Félix, nosotros observamos que Usted sabe tanto o más que los maestros que nos mandan y vemos que tiene usted voluntad para servirle al pueblo, entonces le ruego que acepte. Tomás, le contesté, es que no van a poder pagarme lo que necesito, tengo mis hijos y… te propongo una cosa: vamos a ver al inspector escolar.

Fuimos hablamos con él y nos dijo que no había plazas, no había vacantes, pero que podía ayudar y empecé a trabajar como maestro de alfabetización y la comunidad me daba frijol, maíz, es decir, para compensar, para completar. Fue así como trabajé el primer año.

El segundo año me llegó el nombramiento como maestro. Yo no sabía que tenía vocación para maestro, me gustó y tuve muy bonitas experiencias. Tenía yo como 35 ó 36 años. Al año siguiente no me dejaron trabajar en Valle de Vázquez, me mandaron a un pueblo más lejos. Después pedí cambio y me regresaron a Valle al tercer año y trabajando ahí, ya como en octubre, se levantó en armas Rubén Jaramillo.

HR: ¿Qué problemas sociales había entonces?

DFS: Bueno en aquélla época no había tantos problemas. Trabajo había bastante. El campo producía sin necesidad de los abonos químicos, o sea que era muy diferente, y una cosa muy importante: en aquél tiempo la gente no se disputaba los cargos públicos porque los cargos que había como Ayudante Municipal no eran retribuidos. Cosa muy diferente ahora: ahora cuán más cabrón político busca medrar, enriquecerse a costa del pueblo, a costa de las contribuciones.

El campo no estaba tan descuidado como ahora: yo recuerdo que mi padre no conseguía crédito en bancos pero sí tenía apoyo con amigos, con gente que tenía recursos y no le cobraban intereses. Vino la época en que ya empezaron a operar los bancos y hasta las personas que tenían dinero empezaron a cobrar intereses.

Mi amigo Rubén

Rubén Jaramillo fue un compañero luchador, honesto que había sido zapatista y por diferencias con los políticos, con los caciques, fue perseguido y tuvo que levantarse en armas. Yo participé con él.

En una ocasión resulta que desarma una defensa militar y me involucran a mí sin que tuviera que ver. Vi que había serio peligro, hablé con el inspector escolar para que me permitiera adelantar los exámenes que en esa época se hacían en noviembre. Los adelanté y me retiré.

Tuve un problema con el Director de Educación en el Estado porque le llegó la información y quiso regañarme: ¡No se olvide usted que Patiña (Jefe de la Zona Militar) no se tienta el corazón! Le contesté: Maestro, yo no le temo a ningún castigo, pero sí exijo, exijo que se investigue bien! Me gritó y pues yo también le contesté a gritos. (Don Félix alza la voz y grita como lo hizo entonces. Repite las mismas palabras que pronunció a mediados del siglo pasado y cuando termina de rememorar aquella escena, me mira, se justifica y termina riendo, como si fuera malo que el también le contestara a gritos).

Total, luego por otro lado gestioné mí cambio y de una escuela unitaria donde yo era de todo y me mandaron a Amacuzac, a una escuela de organización completa, organizada, con siete maestros y yo sin experiencia. Entonces lo que hice fue decirles: maestros, no tengo experiencia en una escuela de esta naturaleza, les propongo que la dirijamos colectivamente. Tardé cuatro años trabajando allí y realmente no tuve problemas.

HR: Mientras tanto ¿Rubén continuaba con su lucha?

DFS: Sí, civil y militar.

HR: ¿Por qué civil y militar?

DFS: Porque cuando le daban garantías, él se enfocaba en la lucha civil y cuando lo perseguían, recurría a la lucha militar. Varias veces se tuvo que levantar en armas.

HR: Entonces ¿existía un doble discurso del gobierno? ¿Por un lado le ofrecían garantías, seguridad y por el otro lo atacaban?

DFS- No. Los políticos de Morelos siempre lo atacaban, pero el tenía muy buena relación con el General Lázaro Cárdenas y cuando fue presidente tuvieron una buena relación. Lázaro Cárdenas y Ávila Camacho siempre le dieron garantías.

La lucha jaramillista

En Febrero, Rubén Jaramillo llegó a mi pueblo, se puso en paz y se estableció ahí con un pequeño grupo y yo, entonces, conocí que su lucha era justa. El hombre era honesto.

Cuando se hizo una comisión para ir a verlo al monte me incorporé y formé parte de la campaña, observé el ambiente revolucionario, observé que a él le faltaba un brazo, quizás no el derecho, a lo mejor el izquierdo… el caso es que cuando llegué a la casa, después de la comisión, les dije a mis padres: si Rubén se vuelve a levantar en armas, yo quiero acompañarlo… Sí hijo, dijeron mis padres.

Esto era como si aceptaran que me fuera al peligro, pero ellos tenían conciencia de lo que significaba para mí y dijeron que sí.

Total, como dije antes, me hirieron, me aprehendieron, me amenazaban de muerte y yo sabía que podía haber ocurrido; me preguntaron por dónde se había ido Jaramillo, y yo no les iba a decir.

HR: ¿Cómo se liberó del ejército?

DFS: Bueno me liberé… ellos me liberaron porque me llevaron con Ávila Camacho que era el presidente y él leyó la documentación que llevaba porque yo era el secretario del grupo armado.

HR: ¿Usted fungía como secretario oficial del grupo armado de Rubén Jaramillo?

DFS: Sí y posteriormente también secretario en la lucha civil.

HR: Cuando a usted lo captura el ejército, ¿hacia dónde se dirigía el grupo armado? DFS: No pues andábamos en pleno monte porque se trataba de no dejarnos asesinar por los caciques, andábamos escondiéndonos. Total que me declaró en libertad y me mandó al hospital militar para que me atendieran.

HR: ¿En qué parte del cuerpo lo hirieron?

DFS: En el pie (sujeta su talón, mira a la cámara y me mira a mí. Soba su pie dándole vueltas y ríe. Le causa gracia la herida que le han hecho. Valió la pena) no tengo tobillo. Posiblemente fue una bala de fusil Mendoza el que me destrozó el tobillo.(Vuelve a sujetar su pie y me mira indicando por dónde entró y salió la bala con su dedo índice).

A raíz de mi captura y de haber salido del hospital, Ávila Camacho me dijo, quiero ayudar a Rubén, le podemos dar amnistía, habla con él. Hablé con él y hablé con otros compañeros y nos pusimos de acuerdo en ayudar para que se otorgara la amnistía. Así, por segunda vez, Rubén Jaramillo era amnistiado. Era la segunda vez que se levantaba en armas.

HR: ¿Cómo era Rubén?

DFS: Bueno, Rubén era físicamente un hombre fuerte, alto, con un carácter muy amable para con el pueblo. Siempre estuvo dispuesto a servirle a la gente humilde. Él se ganó el prestigio como líder sirviéndole al pueblo. Él comenzó la lucha en su pueblo.

El cultivo de arroz lleva mucho gasto y en ese tiempo, el arroz valía cinco pesos la carga de 161 kilos. Rubén empezó a luchar y luchar y luchar por el aumento del precio, un precio justo. Y estando como gobernador de Morelos un señor llamado Ambrosio Puente, le dio apoyo y logró que de cinco pesos subiera a ocho pesos, y estoy hablando pues de una época en que las cosas eran baratas.

HR: Se levantaba en armas, le ofrecían amnistía, lo atacaban y se volvía a levantar en armas y nuevamente llegaba una amnistía pero nunca resolvieron las demandas…

DFS: Es que el problema era algo así como… y lo dijo algún político, probablemente el gobernador en turno: allá le daban garantías porque sabían que era un hombre honesto, a nivel federal, pero aquí a nivel local, no respetaban los acuerdos con el Presidente. HR: Parece que en Morelos siempre hemos tenido gobiernos pésimos.

DFS: Sí, ¡pésimos! (Risas)

Conflictos en el Ingenio azucarero de Zacatepec

Después dimos luchas en contra de la administración del Ingenio de Zacatepec. En dos ocasiones me toco participar fuertemente. La primera fue en 1942, cuando había un gerente que como todos los que llegaron se enriqueció con la cuestión de la administración.

Él tenía la costumbre de llamar a los inconformes cuando había inconformidad y ahí, en su escritorio, tenía de un lado una faja de billetes y del otro una pistola. Entonces les decía: ¿Cuál es el motivo de tu inconformidad? Y pues el resultad que generalmente se daba era que los quejosos se doblaban, y escogían el dinero. En el caso de Rubén, nuca se dobló.

HR: ¿Jaramillo trabajó en el Ingenio?

DFS: Él fue no precisamente el fundador, pero el solicitó la creación de esta industria. Se la solicitó al General Cárdenas. Y Cárdenas le dijo: si gano las elecciones, te garantizo que será mi primera preocupación la construcción de una industria, y efectivamente, mandó a realizar un estudio para que se iniciara la construcción del Ingenio.

Lázaro Cárdenas era un hombre sencillo, un hombre que confiaba y amaba al pueblo, porque nunca se le vio traer una patrulla, nunca se le vio que trajera siquiera uno o dos guardaespaldas. El venía sólo a Zacatepec cuando estaba en construcción el Ingenio.

La segunda lucha importantísima que dimos fue en el 58. En esa época Rubén estaba levantado en armas. Entra como candidato Adolfo López Mateos y manda a cuatro canallas en lo que probablemente ya era un plan premeditado y le dicen que López Mateos era cristiano y que le ofrecía amnistía. Jaramillo pues consultó con la gente y unos le decíamos que tuviera cuidado y otros le decían que aceptara, pero finalmente se amnistió.

La compañera de Don Félix, doña Emilia Aurora Sosa Marín, le ha pedido que interrumpa la entrevista para poder comer. Don Félix, amablemente nos ha preguntado si tenemos algún inconveniente.

Caldo de res con verduras y tortillas echas a mano… Durante la comida nos presentan a Vicente, su hijo y entre todos, al finalizar la comida platicamos sobre la situación política y social del país: el aumento de los precios, el desafuero de Andrés Manuel, las elecciones del 2006… todos coincidimos en que es menester que el pueblo abra los ojos y se enfrente a su realidad… ¡no más telenovelas! Retomamos la entrevista y Don Félix prosigue con su respuesta interrumpida…

DFS: Cuando Rubén se entrevista con López Mateos se sacan una foto muy famosa abrazándose y se encuentra casualmente con un ingeniero que para mí fue una persona muy honesta: Julián Rodríguez Adame. Cuando Julián atravesaba la calle por donde venía Rubén, oyó que vitoreaban a Rubén, se paró y entonces fue a saludarlo. Posteriormente le dijo Julián que quería platicar con él. Platicaron y le ofreció apoyo.

HR: ¿Qué cargo tenía Rodríguez Adame?

DFS: Era el Secretario de algo así como Agricultura y Ganadería. Total que le ofreció apoyo con un puesto no muy importante y Rubén lo aceptó. Tuvieron una buena relación.

Resulta que ya la gente estaba cansada de las maniobras, de los crímenes del gerente del Ingenio de Zacatepec y se tomó el acuerdo de hacer una asamblea general de cañeros. En esta ocasión no fue como en el 42 que participaron obreros y campesinos, sólo fueron campesinos. El gobernador del Estado supo de esa asamblea, el gerente le contó, y mandó a llamar a Rubén.

Estábamos en casa de una compañera muy valiosa, Paula Batalla, cuando llegó el presidente del municipio de Zacatepec: Jaramillo vengo por ti, quiere el gobernador hablar contigo. Y pues nosotros no confiábamos en la gente nomás así porque sí, y le dijimos: mira Pedro, por de pronto retírate, Jaramillo no va a ir a la cita, dile al gobernador que mañana a las diez estará a su llamado. El gobernador se llamaba Norberto López.

El gobernador era alcahuete o servidor del que tenía la lana, o sea del gerente del Ingenio que se llamaba, porque ya murió, Eugenio Prado, un gerente que fue impuesto por Miguel Alemán Valdés.

Además de ser ladrón, fue asesino, mandó matar a varias gentes. Ese yo no sé si usaba la paca de billetes y la pistola, pero la verdad es que se pudo comprobar que mandó matar gente y para ello utilizaba justamente al comandante de la partida militar que era otro cabrón asesino.

Al día siguiente nos presentamos con Rubén a las diez de la mañana, pero en la noche anterior habíamos recorrido varías comunidades cercanas a Cuernavaca para invitar a la gente a que estuviera presente.

Frente al Palacio de Cortés había más de 500 gentes, hombres y mujeres. Llegamos y no quería el Gobernador que entrara más que Rubén. Y Rubén le dijo a los de la puerta: yo fui invitado, yo no vengo a pedir audiencia y como tal, tengo derecho a que me acompañen unos compañeros, si no, me retiro. Alguien le fue a decir al gobernador y dijo: bueno que pase con unos cuatro.

Pasaron y la forma de tratarlo fue de esta manera sin saludo ni nada, al grano: Señor Jaramillo tengo instrucciones de preguntarle: ¿cómo quiere vivir?, ¿dónde quiere vivir?, ¿cuánto necesita para vivir? Ya eso Rubén lo tenía en la memoria por las ofertas que le hacían otros gobernantes y le contestó: señor gobernador, soy una persona muy pobre, pero tengo una pequeña parcela que me da lo suficiente para comer.

La respuesta del gobernador fue tajante: Sr. Jaramillo quiero pedirle que suspenda la asamblea que tienen programada. ¿Yo?, le preguntó Rubén Jaramillo, yo no he convocado a ninguna asamblea y no puedo suspender algo que yo no inicié, me invitaron y voy a ir. Se salió y lo acompañó la gente. El gobernador se quedó haciendo salsa.

Esto fue como por el 29 de octubre de 1958 y la asamblea se iba a llevar a cabo el dos de noviembre. Entonces se corrió el rumor de que por las calles de Zacatepec iba a correr la sangre si Jaramillo se empeñaba en llevar a cabo la asamblea.

El día dos de noviembre empezó a llegar la gente, pero se ocultaba de alguna manera tan curiosa, que no se veía movimiento alguno. Asistieron más de dos mil cañeros con credencial en mano a la Asamblea. A mi me tocó ir por el notario público para que diera fe de los acuerdos tomados en la Asamblea. No hubo ningún derramamiento de sangre, pero el comandante de la partida andaba de un lado al otro por las calles.

HR: ¿Qué se trató en la Asamblea?

DFS: Se hicieron denuncias, tales como que el gerente del Ingenio se había enriquecido ilegalmente; tales como que el señor había asesinado a fulano, a zutano; que el señor tenía siete mujeres como queridas, sostenidas por el dinero de la cooperativa del Ingenio. Se levantó esa acta, se firmó y yo acompañé al notario de regreso a su casa.

Inicios de la batalla

En una ocasión fuimos a la Secretaria de Agricultura y Ganadería para hablar con el ingeniero Julián Rodríguez Adame y llevamos dos carros con gente, dos autobuses. En un carro iba un obrero que le decíamos el Talata, se llamaba Agapito Vargas y propuso que pasáramos por un diputado y pues ¿qué podía yo hacer?, la gente dijo que sí, y ahí estaba con él la diputada Ana María Zapata, hija del General.

Llegamos con Julián Rodríguez Adame y como dije antes, eran amigos él y Jaramillo. Se saludaron y el ingeniero luego vio que iban los diputados y le pregunta a Rubén, así en voz alta: Jaramillo ¿y esa gente viene contigo? Jaramillo no supo qué contestar porque pues bueno, iba con el grupo pero no sabía que habíamos pasado por ellos. Jaramillo, le dice Julián a Rubén, ten cuidado con los hombres de chaqueta y corbata, porque los hombres de chaqueta y corbata son malos (risas) y responde el diputado: ¿por quién lo dice ingeniero?, ¿por mí? Diputado, le contestó, no propiamente por usted, pero dígame si no es cierto.

Bueno ese día no pudimos tratar nada y posteriormente fuimos a la Dirección de Cooperativas y hablamos con el representante Oscar Realme de nuestros problemas y dijo: todo marcha bien, perfectamente.

No obstante mandó una comisión al Ingenio: tres personas llegaron cuando nosotros teníamos una oficina del movimiento cañero. Llegaron los inspectores de Fomento Cooperativo a hablar con el gerente. Anduvieron por ahí paseando. Ese día cuando los inspectores llegaron, a un soldado se le fue un balazo y mató a un basculero que dijo que iba a denunciar lo que conocía respecto al robo en las básculas.

Ese día vimos otra vez a Oscar Realme, o Realma, no recuerdo bien su apellido y nos volvió a decir que todo marchaba bien y cada uno de los tres enviados salió del Ingenio con diez mil pesos, era un regalito…

HR: ¿En aquéllas asambleas, asistían periodistas?

DFS: No había, y los periodistas que alguna vez llegaron a visitarnos, nos trataron en sus comentarios periodísticos como rojillos: un día llegó por ahí a la oficina, un reportero de una revista que no recuerdo el nombre y me dice: oiga, ¿pero va a decir la verdad? Sí, sí, la verdad y la pura verdad, le contesté. Dimos nuestra versión y salió en la revista que un grupo de “rojillos” esto…

Total, tuvimos que estar en pie de lucha más de un año teniendo reuniones, mandando comisiones a México para que el gerente dejara el cargo.

HR: Supongo que ustedes querían nombrar a alguien de su cooperativa como gerente del Ingenio…

DFS: Bueno, nosotros, concretamente proponíamos a Rubén como gerente. Si él hubiera ocupado el cargo de la gerencia, garantizo que hubiera sido una administración ejemplar. Él no era un hombre preparado, pero podía haberse buscado contadores, personas que realmente hicieran las cosas de manera correcta.

HR: En esos momentos ¿había otros movimientos sociales como el suyo?

DFS: En esa época se movilizaron ferrocarrileros, se movilizaron médicos. Era un movimiento generalizado de grupos inconformes.

HR: ¿Cómo reaccionaron, qué sintieron al enterarse del surgimiento de la Revolución Cubana?

DFS: Para nosotros la Revolución Cubana era el triunfo del pueblo. Para nosotros la Revolución Cubana era el futuro de América, el futuro de los países pobres y llegamos a ser visitados por comandantes de Cuba, de la Revolución. Creo que ese fue otro de los motivos que provocó al gobierno mexicano pánico para mandar matar a Rubén.

HR: Se vislumbraba una situación similar. ¿Tenía la capacidad Rubén de haber logrado un movimiento como el de Cuba?

DFS: Pues no, probablemente no, porque para una Revolución de ese tamañito, se requería una organización a nivel nacional y aquí en Morelos éramos varios, varios miles, pero no era la cantidad adecuada a nivel nacional.

HR: ¿Hay alguna conversación con Rubén Jaramillo que a Usted lo haya marcado?

DFS: Rubén era sencillo en la forma de hablar, pero yo que estuve muy cerca de él tanto en la vida civil, como en la guerrilla, nunca le oí decir una mentira y generalmente no hablaba disparates, generalmente nos los hablaba. Cuando alguna vez llegó a enfrentar a algún político, realmente provocaba pánico en la gente que lo veía.

En una ocasión se iba a llevar a cabo el Congreso de la Liga de Comunidades Agrarias y como estaba recién amnistiado por López Mateos pues se le dio libertad para que organizara a los campesinos. Formamos un partido que se llamó Partido Agrario Obrero Morelense (PAOM) y fue un partido que no recibió un solo centavo ni de empresarios ni de riquillos y mucho menos del gobierno, un partido sostenido por el pueblo.

HR: Mientras usted andaba en esos trotes… ¿su familia?

DFS: Bueno, mi familia, y qué bueno que lo preguntas… mi familia sufriendo, temiendo que me llagaran a matar.

En el año 61 y desde el 59 un grupo de campesinos había sido organizado por cierta persona mediante engaños para que, supuestamente, se repartieran los llanos de Michapa y Guarín.

Pasó un año y nada de la entrega de las tierras. Pasó otro año y la gente acosaba a los que los engañaron, le dijeron a un licenciado: oiga licenciado, ¿se nos va a entregar la tierra o qué? Tal fue la presión que les dijo la verdad: miren señores, realmente la tierra no se les va a entregar, se van a hacer granjas residenciales para que la gente de dinero, tenga un lugar de fin de semana.

Bueno, la gente se enojó y el licenciado desapareció. La gente acordó ir a ver al compañero Jaramillo. Hablaron con él. Yo estaba en la oficina con él. Les contestó: miren, no puedo resolverles ya, denme unos 15 días y si hay posibilidad, les ayudo.

En ese lapso de tiempo, recorrimos los llanos junto con Rubén y nos dimos cuenta que no sólo había condiciones sino que eran muy buenos porque desde que terminó la Revolución los terrenos no se habían trabajado. Conocimos a un señor que soñaba con que los llanos de Michapa y Guarín se hicieran de riego. Jaramillo dijo: les vamos a ayudar.

En una asamblea de solicitantes de tierras se formó el Comité Particular Ejecutivo, Rubén era el presidente, yo el secretario y José Solís el vocal ejecutivo. Empezaron las gestiones para este proyecto del reparto de tierras. Se pensó en crear un nuevo Centro de Población que llevara el nombre del general Otilio Montaño. Total, se habló con López Mateos y se habló con Roberto Barrios, Jefe del Departamento Agrario y le dijo: Jaramillo, te felicitamos, estamos contigo.

Y surgieron los problemas: las tierras eran de ejidatarios. Después de un año nada y la gente dijo: Jaramillo vamos a tomar la tierra. El día cinco de febrero de 1961 amaneció la gente en los llanos de Michapa y Guarín.

Se enteró Roberto Barrios y mandó llamar a Jaramillo: Oye, así no se vale, saca a la gente y yo me comprometo a entregar la tierra legalmente. Hizo un memorando en el que se comprometía a entregar la tierra.

Pasó otro año de lucha y la gente amaneció en los llanos otra vez el cinco de febrero. No lo volvió a llamar el Jefe de Departamento pero Rubén fue y le dijo que cumpliera su palabra. Le contestó que papeles como el que le había entregado hace un año, los daban de a montón. Ah, ¿entonces quiere decir que no tiene valor? No, le contestó.

A partir de ahí, Rubén fue citado en el Ministerio Público Federal y lo aprehendieron, pero demostró que la entrega de las tierras estaba en trámites y lo dejaron salir. Posteriormente, se cerraron las oficinas del Departamento Agrario, es decir, ya no recibieron a la comisión encabezada por Rubén.

Asesinan a Rubén Jaramillo

Total, a partir de febrero las cosas se tornaron más difíciles. Concretamente el 23 de mayo de 1962 un grupo de 70 hombres vestidos de civil pero con armas del ejército y con vehículos militares, sacaron a Rubén de su casa y lo llevaron para asesinarlo a él, a su mujer y a sus tres hijos, para asesinarlo a un ladito de la entrada de las ruinas de Xochicalco.

A mi avisaron cuando fui a telégrafos a poner telegramas para pedir garantías para Rubén y no imaginaba, que en ese momento, en que yo estaba poniendo los telegramas, ellos estaban siendo masacrados por los militares.

Entonces, como eso fue un día miércoles, hasta el jueves en la tarde supimos que ellos habían sido asesinados. Sus hermanos fueron por ellos a Tetecala. Cuando los sepultamos, a pesar del peligro de la brutalidad del gobierno y todo, nos reunimos como 100 gentes para sepultarlos y los militares fuera del panteón, ahí en Tlaquiltenango, como en plan de amenaza.

Cubrimos el féretro de Rubén con la Bandera Nacional y esto lo tomaron como un delito, entonces fui amenazado de muerte. El teniente, comandante de la Partida de Zacatepec, pretendió asesinarme el siete de julio del mismo año, del 62.

HR: ¿Sólo quedó en amenaza?

DFS: Bueno el problema fue que él sabía que yo siempre traía un arma, que nunca me la quitaba y que yo tenía el valor para enfrentarlo.

Estaba yo en mi parcela, y llegó un madrina, un colaborador de la Judicial. Llegó el tipejo y quería ponerse a platicar conmigo, yo estoy trabajando, le dije, y no acepté su presencia. El que me ayudaba con la yunta le dijo: vete porque el amigo no quiere platicar contigo. Se salió, y al ratito que salió, pasa por la calle un Jeep con soldados. Pero como estaban trabajando conmigo, dos de mis hijos que eran chiquillos junto con dos sobrinos y el que llevaba la yunta era hermano del judicial, pensó que no iba a salirle bien si me mataba.

Se fueron, se ocultaron esperando que yo me quedara solo. Entonces mis hijos y el mismo que andaba con la yunta me dijeron vámonos y nos fuimos.

Tres días estuve al pendiente para ver si el peligro era real y sí, recibí la información necesaria. El martes recibí información de unas compañeras, una había sido esposa de un zapatistas y la otra de un villista y me dicen: Don Félix tenga precaución, aquí anda fulano. Yo ya lo había visto pues.

Ese mismo día como a las once me llamaron y me llevaron al domicilio de un ruletero que nos había prestado servicio a los jaramillistas y ahí estuve como unos 10 ó 15 días. Llegó un grupo de tres personas en un coche y me dijeron que venían por mí.

Me llevaron a México y allá conocí a varios compañeros de lo que fue el PCM.

Ahí me dieron alojo, alimentos y me colmaron de literatura. A partir de ahí, mi convicción rebelde se afirmó, ya no era el rebelde común y corriente, ya tenía claro porque tenía que ser rebelde, porque tenía que seguir en pie de lucha.

Yo he sido amante de la lectura, y en días pasados me puse a recordar la cantidad de libros que leí en esa etapa y bien me pude haber leído más de 40 libros de diferentes tamaños. Esa fue para mí una escuela viva, con una iluminación bastante grande. Deje de ser un rebelde común para convertirme en un rebelde consciente.

Me he dado cuenta de que mientras el pueblo viva en la ignorancia no saldremos del hoyo en el que nos tiene sumidos el imperialismo y el sistema gubernamental.

HR: Entiendo que en aquél tiempo se luchaba con las armas por rescatar al pueblo y ahora se ha dado cuenta de que primero hay que educar al pueblo para después retomar la lucha armada…

DFS: Yo creo que inclusive no será necesaria la lucha armada con un pueblo consciente y lo vimos muy claro cuando se pretendió desaforar a López Obrador: López Obrador corría el peligro de ser desaforado y por consiguiente corría el peligro de no seguir adelante como político, y el pueblo, más de un millón de gentes nos manifestamos en contra del desafuero.

Si el pueblo tuviera la preparación adecuada, no hubiera sido un millón, hubieran sido varios millones en todo el país. Y con esto quiero decir que si con un millón y pico de gentes el gobierno echo pie atrás…

EZLN

HR: ¿A quién más ha apoyado?

FSN: Bueno, en primer lugar cuando el EZLN surge yo sentí que era gente humilde, era gente que luchaba por una causa justa y sufrí, sufrí amargamente porque sentía yo que eran mis hermanos los que estaban sufriendo la represión. (Cuando habla del EZLN, de la lucha indigenista, sus ojos comienzan a brillar más de lo que comúnmente lo hacen. Se llenan de lágrimas y DOn Félix comienza a buscar en todas las bolsas de su atuendo, en la camisa, en los pantalones algo con que secarlas antes de que se derramen. Cuando uno ve esa imagen, se da cuenta que realmente se está enfrente de un verdadero luchador social, de alguien que siente el sufrimiento ajeno en carne propia. A pesar de las lágrimas y de la voz quebrada, más quebrada que de costumbre continúa narrando aquella experiencia).

Pasó un poco el tiempo y resulta que a raíz del asesinato de Colosio, el EZLN lanzó una consigna: no nos dejen solos.

HR: ¿Se sintió identificado con ellos, vio reflejada la lucha jaramillista en la de los nuevos zapatistas?

DFS: Sí, exactamente, claro. Entonces a raíz de esa solicitud de no dejarlos solos, convocamos a una reunión clandestina aquí en Morelos a la que invitamos a viejos zapatistas, a viejos jaramillistas.

A la reunión asistieron hijos de zapatistas, hijos de jaramillistas, simpatizantes del zapatismo y del jaramillismo y leímos el Plan de Ayala de Zapata, leímos el Plan de Cerro Prieto de los jaramillistas y leímos la Primera Declaración de la Selva Lacandona y encontramos que en los tres documentos históricos, con diferencias muy superficiales, el contenido era lo mismo: era la justicia a favor del pueblo, a favor de la gente. Entonces comentamos, acordamos dar nuestro apoyo incondicional al EZLN.

HR: ¿A qué conclusiones llegaron en esta reunión?

DFS: Bueno, elaboramos un documento histórico que lleva el nombre de “No están solos”, el pueblo de Morelos, concretamente zapatistas y jaramillistas están con ustedes. Lo redactamos, lo firmamos y como no había quien lo llevara, me dijeron ve tú.

Fui acompañado de Flora Guerrero. Salimos… no recuerdo la fecha pero fue a mediados de abril en el 94. Llegamos a Tuxtla Gutiérrez en avión y de ahí en “combi” a San Cristóbal.

HR: ¿Sabían allá que ustedes iban en camino?

DFS: No, no sabían. Y de ahí a la selva. Después de un montón de peripecias llegamos y nos dijeron Marcos llega en 15 minutos.

Si no hubiéramos encontrado un grupo de médicos voluntarios y a un grupo de soldados zapatistas no hubiéramos llegado ese día porque cayó un aguacero y ellos nos ayudaron a sacar la camioneta. Efectivamente Marcos llegó en 15 minutos, nos saludamos. Nos ofrecieron desayuno, comida y cena, porque ni siquiera habíamos desayunado en San Cristóbal.

Ya como a las siete, ocho de la noche en una cancha de básquetbol nos reunimos. Marcos, me hizo pasar revista a 85 militares: 50 hombres y 35 mujeres. Después me dio un reconocimiento: Mayor Insurgente Honorario del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y le entregué nuestro documento y una manta que le mandaron los compañeros. Después hubo fiesta y baile.

Llevaba yo medicina porque pensaba quedarme unos dos o tres días para atender a la gente. Yo no estudié en la Universidad, pero estudié varios libros de medicina homeopática. Al siguiente día empecé a atender algunos enfermos, pero recibí la orden de salir porque había el peligro de un enfrentamiento armado. Y no pude ayudar. (Frustrado, no sé si de coraje o de decepción, sus ojos nuevamente brillan y lleva la servilleta hacia ellos).

HR: Sin embargo cumplió con la misión de hacerles llegar el apoyo de Morelos.

DFS: Así es.

HR: Ahora el EZLN ha cambiado la lucha armada por la lucha civil. ¿Qué piensa al respecto?

DFS: Bueno, pues es una cosa muy acertada, no solamente con armas se puede luchar o combatir y ganar. Se requiere hacer consciente al pueblo de la situación en que vive para que luche organizadamente y cambié el estado miserable en que el sistema lo tiene sumergido.

HR: ¿Usted qué hace al respecto?

DFS: Bueno yo, pues ya estoy desde hace tres años en pie de lucha por lograr el avance de la sede del Instituto Cultural Autónomo Rubén Jaramillo, no obstante que no tenemos sede sí hemos trabajado y hemos logrado que Hacienda nos autorice recibir donativos deducibles de impuestos. Tenemos recibos autorizados por Hacienda.

HR: Es importante que la gente sepa eso…

DFS: Así es, en lugar de entregarle a hacienda sus impuestos, nos los donan y esto es como si hacienda los recibiera.

HR: ¿Cómo va el proyecto?

FSN: Bueno en primer lugar quiero manifestar mi agradecimiento a la compañera Margarita González Sarabia, porque a través de ella, pudimos llegar a la Delegación de SEDESOL encabezada por Valdemar Castañeda y nos han estado brindando su apoyo para terminar la construcción.

Hasta ahora no hemos podido reiniciar la terminación de la sede, pero tenemos mucha confianza en que el Delegado pueda cumplir con su ofrecimiento, con su compromiso de conseguirnos el material, como dije antes, con recibos para los donantes del material.

HR: ¿Cuál es el objetivo del Instituto?

DFS: Bueno el objetivo es múltiple, abrirle los ojos al pueblo, luchar porque la niñez y la juventud crezcan como robles, derechos, que no se doblen.

Queremos luchar de acuerdo a nuestra posibilidad para que los niños y jóvenes, inclusive los hombres de la actualidad, comprendan que no es con corrupción, que no es con drogas, no es pues con actitudes incorrectas como vamos a cambiar las cosas.

HR: ¿Qué actividades se llevarían a cabo en el Instituto?

DFS: Habría talleres, habría festivales… buscaríamos la forma de que llegara gente honesta que quiera dar una explicación de lo que son los valores cívicos, los que debe tener un buen ciudadano. Lucharíamos por lograr un mejor ambiente, quiero decir, evitar el uso de químicos en la agricultura, estamos por una agricultura orgánica.

HR: ¿Cree que el centro una vez que se construya, atraiga a la gente?

FSN: Muy seguro. Queremos establecer un escenario, un foro para que los niños, los jóvenes, los hombres, muestren su capacidad, su talento. Habría concursos de oratoria, de declamación, de canto, círculos de lectura.

HR: ¿Por qué la gente, el gobierno no muestra un interés fuerte por impulsar este proyecto y otros similares?

FSN: Leí hace tiempo un reportaje que decía que Cuba es el país más culto a nivel mundial. Y decía que una vez una mujer que gobernaba Rusia, Catalina La Grande, le dijo a su Primer Ministro que había que impulsar la cultura, y el ministro como que se asustó. Le dijo, señora, ¿no cree usted que ilustrar a un pueblo va a ser peligroso para gobernar? y entonces…

Lo que yo considero muy seguro, es que los empresarios, los políticos, los que viven de la pobreza y de la miseria del pueblo, para ellos, no les interesa, al contrario, ojalá sea más ignorante el pueblo.

HR: ¿Qué periódicos le gusta leer?

FSN: Bueno, actualmente ya no puedo leer. Sufrí una enfermedad maligna y estaba quedando ciego, afortunadamente, gracias a mis escasos conocimientos en homeopatía y gracias a un gran amigo doctor ya estoy mejorando mucho. Creo que voy a volver a ver. Pero uno de los periódicos que más leo y tengo muchos ejemplares, es La Jornada. Claro que leo otros periódicos, leo otros libros, pero en este periodo pues…

HR: ¿Le gusta la música?

DFS: Mucho. La popular y la clásica. Me encanta.

HR: ¿Qué piensa de la televisión?

DFS: En primer lugar, pocos programas de televisión son aceptables. La mayoría es basura, pero además son escuela que adormece la conciencia del pueblo.

HR: ¿Qué hace en un día normal?

DFS: Bueno… en un día normal pues me levanto, me voy a realizar algún trabajo aquí en un pedacito de terreno que tengo, que lo utilizamos para experimentación de agricultura orgánica. Generalmente ya no puedo dedicar mucho tiempo a una sola actividad; generalmente vengo, desayuno, si tengo que ir alguna parte, voy a hacer alguna gestión, regreso, vuelvo a hacer algo. Esas son las actividades más o menos que realizo en un día normal.

HR: ¿Qué sueño tiene y no ha realizado?

DFS: Bueno… el sueño, podría decirse único es lograr ver que Tehuixtla, el municipio de Jojutla y cada uno de los municipios del Estado, tengan una sede cultural para que el pueblo avance en los conocimientos de su historia. Claro no solamente de su historia: que los conocimientos fueran tales que lo liberaran de las ataduras que tiene, inclusive de la religiosa.

HR: ¿Qué sueños ha cumplido?

DFS: No sabría decirlo con precisión. Yo agradezco mucho a mi padre.

Mi padre fue un hombre que de cierta forma sufrió la esclavitud de la sociedad. Él fue peón de la hacienda de San Nicolás y como tal, él fue también rebelde. En una ocasión lo aprendieron y de no ser por un amigo, lo hubieran mandado al ejército. A él le agradezco haberme mandado a estudiar y le agradezco a mi pueblo que de alguna manera a costeado mis conocimientos.

HR: ¿Qué es para usted la vida?

DFS: Bueno, la vida para mí es un don que he tenido la sensibilidad de poder dedicar al servicio de mi pueblo y quisiera pues, dentro de lo posible, seguir viviendo, pero activo, para seguir esta tarea de luchar por un pueblo culto, por un pueblo que recobre su dignidad, por un pueblo que sea feliz…

HR: … Gracias Mayor…

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