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Por Héctor Raúl González

Entrevista a maestro MojtarLa resistencia del Pueblo Saharaui, la historia de Mojtar.

Yo salí de mi país al año de edad en brazos de mi mamá hacia los campamentos de refugiados. Eso a veces la gente no lo comprende bien, pero imagínate que te bombardean tu población y que bajo bombardeos y tiroteos tienes que huir… así huyo la mitad del pueblo saharaui.

Mojtar Lebueihi Emboirik es profesor de la Universidad Internacional, UNINTER, en Cuernavaca Morelos; trabaja en la Universidad del Valle de México, UVM, en el área de maestría y en la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, FES Zaragoza de la UNAM.

Es economista. Tiene una maestría en economía, la terminó hace un año y está haciendo el proyecto de Doctorado…

Atendió por muchos años la Representación de la Juventud del Sahara Occidental en América Latina “cuando era joven” y eso siempre lo mantuvo cerca del mundo político.

Vivió en Cuba. Estudió en Cuba la licenciatura; estuvo en Europa el tiempo de la preparatoria y la primaria la cursó en su país, mejor dicho, en los campamentos de refugiados…

¿Por qué aclarar esto? Porque su país, el Sahara Occidental, “existe como país pero no vive en su territorio, la mitad de la población -o más- vive en campamentos de refugiados”. Esta es su historia…

Cuando llegamos a la casa de Mojtar, lo que más llamó nuestra atención fue la sala que en la habitación contigua se asomaba: dos cojines largos en forma de “L” situados sobre una alfombra colocada en el piso, un conjunto de pequeños vasos, una tetera y una parrillita eléctrica; al fondo decenas de libros apilados y al frente la computadora.

Es este el lugar donde Mojtar realiza oración todas las mañanas y en esta ocasión fue el escenario perfecto para platicar, así, sin formalismos como él dice, tomando té.

“Los saharauis, a los que les falta de todo, tienen lo único que le hace falta a todo el mundo…”

Héctor Raúl.- ¿Son felices los saharauis?

Mojtar.- Galeano, el escritor uruguayo, decía, para no decirlo yo: “estos señores, los saharauis, que les falta de todo tienen lo único que le hace falta a todo el mundo”.

¿Por qué él dice que tenemos lo que falta en todo mundo? Es esa felicidad interna, la satisfacción de saber que luchas por algo y que tienes una casa quizás más grande que ésta, pero no te interesa, porque hay un Rey que te invade tu país y te interesa más sacarlo.

Ese sentido de felicidad sí existe a pesar de que cuando vas allá dices: no tienen nada: tiendas de campaña simples, no hay mercados, no hay tarjetas de crédito, no hay nada, pero viven felices.

La satisfacción interna es por eso, que estás ahí por una causa y estás convencido, porque puedes montar en tu coche e irte a la otra parte, pero nadie lo hace, porque sabes que defiendes una causa.

Los saharauis donde quiera que estemos llevamos una defensa real de nuestra causa. Estamos en Estados Unidos, en Canadá, países con los que no tenemos relaciones diplomáticas pero estando ahí defendemos nuestra causa, en México también.

Los mexicanos me preguntan: ¿por qué no te nacionalizas mexicano y te quedas a vivir aquí? Ganas muy bien… mientras yo sienta que aquí respondo y que hago cosas por mi país, bien, me quedo, si no, de verdad, prefiero estar viviendo esa calamidad con mi gente que viviendo lejos.

En pocas palabras, sí, la gente es feliz, sobre todo porque hacen lo que les gusta y lo hacen convencidos. No tienen nada eh, de lo demás no tienen nada: duermen en una alfombrita, en una estera, sin más nada. No piensan en la última ropa de moda porque no la hay, ni les preocupa…

Al rato va a llegar el Presidente del Parlamento Saharaui. Viene a quedarse aquí, pudiendo estar en el Hylton, porque es visita oficial, pero si lo llevas a un hotel te dice no, yo vengo a estar con ustedes, vamos a sus casas. Es saharaui…

En mí país vas y entras a la tienda de campaña del Presidente, tiene su tienda de campaña igual que todos, entras a la tienda de campaña del Primer Ministro…

Ritual del Té

En su país, la República Árabe Saharaui Democrática, RASD, le cuesta trabajo hablar a la gente sobre sí misma, pero Mojtar no va hablar de él “porque estamos charlando entre amigos”, vamos a platicar, nada más, sin formalismos.

Mientras tanto, se levanta y se dirige a la cocina, va por un poco de agua, nos dice, para prepararnos té, que en su país, es la bienvenida más importante. Es todo un ritual de tres rondas. Un poeta lo describió así: “la primera es amarga como la vida, la segunda dulce como el amor y la tercera, suave, como la muerte…

El té verde es chino, pero no porque sea pirata, bromea, y nos enseña las cajas. Huele a hierbas secas. Toma un poco de agua y la vierte dentro de la pequeña tetera; vacía un puñado del té y pone todo sobre la parrilla eléctrica… luego va llenando uno a uno los pequeños vasos y regresa el contenido nuevamente a la tetera, esta acción la repite varias veces…

Este ritual se hace en el Sáhara y en Mauritania. En el Sahara y en Mauritania hay algo común: el hasania, un dialecto que en el 80 por ciento es árabe. Es un dialecto local. Los que hablamos hasaní, tomamos el té así.

En Marruecos no se toma así, se toma mucho té, pero se sirve de teteras más grandes y se sirve en vasos más grandes. Y es té negro, no verde, se sirve en vasos, más cantidad, nosotros nos servimos menos.

En el Sahara y en la casa de cualquier saharaui, el té es la bienvenida más importante, lo primero que te brindan cuando entras es el té.

Campamentos de refugiados saharauis

Los campamentos saharauis están a unos 80 km. del territorio ocupado. El Sahara colinda con Argelia. Tindú es el territorio argelino donde están los campamentos saharauis. Hoy se cruza fácil sin ningún problema hacia el territorio ocupado, pero los campamentos de refugiados están en territorio argelino para evitar que Marruecos los bombardee.

Héctor Raúl.- Cuéntenos de los campamentos…
Mojtar.- El campamento de refugiados es un campamento donde hay mucha población desplazada por motivos políticos o por los que sea, pero en este caso es por motivos políticos. Yo salí de mí país al año y vine a los campamentos de refugiados en brazos de mí mamá.

Ahí viví el resto de mi infancia, si se le puede llamar infancia a la guerra, hasta los diez años.
Ese es mi país. No conocía los edificios… nada, siempre viví en tiendas de campaña.

Héctor Raúl.- ¿Cuáles son las primeras imágenes que conserva del campamento de refugiados?
Mojtar.- Me acuerdo del camión, un camión que nos desplazó de un lugar a otro, que yo no sé cuál es. Yo iba en la parte de arriba porque era un camión de carga que llevaba muchas cosas, gente, animales y estábamos en la parte de arriba del camión, mi hermano y yo.

Otra imagen es que… en el Sahara se forma un viento, se llama en español, siroco. Es aire, aire que viene, pero como es pura arena lo que hay en el desierto, revuelve la arena el aire y se vuelve una nube negra en todo el entorno.

Me acuerdo de un viento de éstos que dejó a medio mundo sin tiendas de campaña, se las llevó… así… las levantó y nos dejo sentados, sin nada, cubriéndonos con las manos y esperando a que pasara porque no hay nada, no ves nada.

Había escuelas y las escuelas sí las hacen con bloques de cemento y las tapan con zinc. Tenía mucho miedo porque el zinc vuela y el viento voló todo el zinc ¿y si me cae una lámina de zinc? Sí estuvo muy fuerte; duro dos horas o tres.

Y me acuerdo también de una lluvia. Nosotros allá, cuando llueve salimos a jugar, es a la inversa que aquí. Aquí cuando llueve entran, allá cuando llueve, es noticia primero, aquí es una predicción. Allá salimos a jugar con la lluvia.

De la que me acuerdo fue una lluvia muy fuerte porque para que en el desierto se estanque el agua, tiene que absorber mucha primero. Se estancó el agua y nos quedamos jugando todo un día o algo así hasta que se nos evaporó.

Esas son algunas de las imágenes de las que me acuerdo.

Héctor Raúl.- ¿A qué jugaba en el campamento cuando era niño?

Mojtar.- “En mi tiempo, de joven, cuando estábamos en la primaria jugábamos fútbol con pelotas echas a mano. Jugábamos con juguetes hechos por nosotros mismos. Con las latas de comida hacíamos cochecitos y todo eso. Y jugábamos, pero sobre todo al fútbol, al ajedrez que siempre está, la dama tradicional y las cartas. Los jóvenes a pesar de la guerra y todo vivíamos ajenos a ello. Estudiábamos, jugábamos fútbol, veíamos televisión, muy rara, pero la veíamos”.

Los niños ahora juegan diferente: está el Play Station, todos los juegos de Internet, el Internet. Han cambiado los juegos indiscutiblemente.

Hasta finales de los 70, en 1978 se empezaron a construir escuelas y hospitales. “Los construyó la misma gente porque no puedes tener a 300 mil personas sin nada que hacer y además no era el objetivo. El país los sacó para que no estuvieran bajo los bombardeos pero también para hacer algo en su formación personal. El estado empezó a repartir tiendas de campaña, y existieron ‘mejores condiciones de vida’, acceso del agua a través de pipas. Condiciones bastante adversas, pero se hicieron escuelas, fue una de las primeras prioridades”.

El Estado garantizó hasta la secundaria. No hay la capacidad para hacer la universidad pero tienen convenios con muchos países: Argelia, Libia, Cuba, que les ayudó mucho para becas de estudiantes, además de lo político. Cuentan con becas en Europa. Siempre han tenido acceso a la educación superior.

Héctor Raúl.- ¿A qué edad salió por primera vez de su país?

Mojtar.- A partir del primer año escolar, el Estado Saharaui premió a los alumnos que tenían mejor expediente académico, a los que sacaban primero, segundo y tercer lugar en el salón.

Siempre se propuso alfabetizar a toda la población a pesar del exilio y enviaba a los niños de vacaciones a países europeos. El país siempre supo que la educación es básica y fue obligatoria y gratuita desde el principio”.

A mí me tocó salir de vacaciones a Europa porque, casi por casualidad, siempre estoy en ese número de escalafón académico. El primer año salí de vacaciones a Francia por tres meses. Luego fui a Bélgica, a Holanda y fue así como conocí las ciudades… el mar. Supe que existía otro mundo que es mucho más bonito”.

A Mojtar, el país que más le gustó fue Holanda por lo verde y por lo tranquilo, dice. Estuvo en París, una ciudad muy agitada y a él no le gustaba lo agitado: “Francia es muy bonita, sobre todo para un niño acostumbrado a ver puras casas de campaña, pero más me gustó Holanda, yo creo que porque no me hospedaron en hoteles sino en escuelas, con más niños…”
 En Francia les ganaron en un partido de fútbol a los locales y eso que jugaron chicas: “lo que pasa es que hubo que jugar chicas, porque la mitad de nosotros eran mujeres. En nuestro país no juegan chicas al fútbol, tuvimos que convencerlas y al fin jugaron con nosotros. Les ganamos y eso nos dio mucho gusto. Nosotros sabíamos a qué íbamos…

Héctor Raúl.- ¿Por qué se fue a estudiar lejos de su país?

Mojtar.- En mí país se puede hacer hasta la secundaria y la preparatoria a veces, pero la universidad la tuvimos que hacer, por desgracia, todos fuera de nuestro país. Digo
entre paréntesis porque luego redundó mucho en nuestro beneficio: somos uno de los países africanos con mayor grado de alfabetización. Pero mayor grado de alfabetización en universidades europeas y en universidades latinoamericanas y en universidades americanas”.
La secundaría la cursó en España, “de España me fui a Cuba a hacer la prepa, hasta casi la licenciatura, cortad. Regrese a Europa… hice en total casi cuatro años en Europa y cuatro años en Cuba.
Ahí en Cuba fue electo dirigente estudiantil: “hacíamos muchas actividades: un periódico local, murales culturales, todos los sábados un debate sobre un libro diferente, escribíamos, hacíamos competencias musicales. Hacíamos mucho más trabajo que estudiar”.
Recuerda que los dirigentes se dormían a las tres de la mañana y se levantaban a las cinco. Ahora, le duele ver que en la Universidad no hay este activismo, no sólo en las particulares, también en la UNAM, no veo ese activismo que antes existía.

Una filosofía de vida: la pobreza, la falta, obliga a hacer las cosas

En las escuelas de ahora, sólo se premia la rentabilidad económica. Por ejemplo, en las escuelas de paga, lo importante de hacer un evento es recaudar dinero. ¿Cuál es el sentido que tiene el alumno que tiene algo que decir?
Al ser humano hay que estimularlo, ese que tiene algo que decir… todos aspiramos a algo, y si premiamos a ese que tiene algo que decir, todo el mundo aspirará a ser como él. Pero si lo que estamos premiando actualmente es quien paga más, desearan ser como el que tiene la camioneta, aunque no sepa nada, pero tiene una camioneta.
Eso es arriesgar el futuro del país, su estabilidad a futuro, y es triste, no te das cuenta porque no pasa nada, si lo haces ahora no pasa nada, pero mañana la mediocridad la pagaremos todos.

Héctor Raúl.- Parece que países con limitantes tienen más sed de desarrollo, por ejemplo Cuba y la República Saharaui, a diferencia de México…

Mojtar.- Como hemos sido países pequeños y nos invadieron y nos quisieron absorber porque éramos analfabetas, eso sirvió y nos invitó a que hiciéramos todo lo contrario para que eso no volviera a pasar. Esa es una. Dos, como somos más pequeños la competencia es más fuerte.
Qué pasa por ejemplo, comparados con mis alumnos mexicanos, los miro y a veces no les digo nada, no les digo que hacia yo cuando estaba en su lugar, pero sí siento que no hacen lo mismo que hacíamos nosotros, no porque hiciéramos más, no, sino porque hacíamos más cosas que tienen que ver con la academia.
Hoy quizás van a más bailes, van más a disfrutar a compartir. Nosotros no íbamos mucho a discos antes pero leíamos más. Me explico. Quizás porque nos faltaban discos, pero que bueno, nos fue bien a la larga.
El problema es que mientras no haya jóvenes que se den cuenta que no van a la universidad a salir científicos y se den cuenta que a la universidad no se entra con cero y se sale científico sino que se sale científico porque uno pone una buena parte y fuera de la escuela.
Estamos mal, estamos viendo la parte económica de la educación. Y eso compromete el futuro.
Aquí, en México, no se dan cuenta porque son muchos. Si no es él, otro habrá que lo haga. Habrá muchos que si estudien, entonces que no estudien la mitad, no preocupa, porque la otra mitad se encargará de hacerlo. Entonces queda mucho más a la individualidad esto. De que de verdad el joven se de cuenta que no basta con ser licenciado, sino que hay que estar a la altura de los cambios.
Sí, la pobreza, la falta, obliga a hacer las cosas.
Lo ves en tu misma clase, quizás los que menos recursos tengan, los de los pueblos más lejanos, los que vienen de más lejos, a los que les cuesta trabajo venir y pagar la educación, son los que más ganas le echan. Por que los otros no están adaptados a ver ese costo de oportunidad.
En Cuba por ejemplo hay nivel de intelectualidad serio, nivel de debate serio, a pesar de su aislamiento. Y su nivel de conocimiento es importante. Todos los profesores, y los que por Cuba pasaron y se prepararon… sientes que su formación es más sólida, tienen un grado de pedagogía serio.
Los profesores cubanos en todo el mundo dan clase porque tienen una manera de enseñar impresionante, pero porque aprendieron bien las cosas y hay mucha competitividad, son muchos intelectuales pero son poca población.
Acá no, en México son muchos los mexicanos. Que la mitad no aprenda, la otra va a aprender, pero eso es tonto a la larga. Aunque seas universitario, vas a ganar menos, porque no sabes.
Uno en el salón se da cuenta de quiénes no saben. Les digo a mis alumnos, miren, tomen la materia, la que más conocen e intenten dar una clase de ella, intenten armar una clase, se quedan sin hablar, se quedan sin palabras.
Cuando uno cree que sabe tiene que hacer ejercicio: a ver, trata de decir lo que sabes, de un tema, lo que quieras, para ti solito, reúne a dos amigos y trata de dar la clase y sientes que quedas limitado. Ese sentir de quedar limitado puede ser que te invite a superarte o puede ser que te mate de pena y de ahí no sales. Esa es la única diferencia.

Su Familia, una familia saharaui

Somos realmente cinco hermanos, una hermana falleció hace años y somos cuatro los que quedamos. Una hembra o mujer dicen acá, yo en mi español lo utilizo indistintamente y tres hombres.
La mujer está casada y está en la parte ocupada por Marruecos, por ende nunca la ha visto. Sus otros dos hermanos están en el campamento.
Su hermano mayor es editor de una revista del Polisario y hace algunos programas políticos. Él estudió economía pero se dedicó mucho a los temas de orientación política. Estudió en Argelia y está trabajando en los campamentos.
Su hermano menor estudió también en Argelia, pero quiere traerlo para que estudie español un año. Ya terminó la preparatoria y no quiso empezar la universidad, anda medio de vago, esperando venir.
Mojtar quiere traerlo a Cuba, porque luego en Cuba además de intelectuales salen bien formados, esto de que saben hacerse las cosas por ellos mismos es una característica de los graduados de Cuba. No necesariamente de los otros países pero de Cuba sí.
Sus dos padres viven. Su papá es militar retirado, ya es un poco mayor y su mamá trabajó mucho tiempo en el campamento de orientadora política; también se retiró hace años porque el abuelo de Mojtar era mayor y mamá pidió licencia para atenderlo y ahora sigue jubilada, pero jubilada allá no tiene el mismo significado que acá, allá todo el mundo trabaja y no cobra a cambio de algo, porque todo el mundo hace por su país el trabajo, es una condición diferente.

El Ideal

…me llamaba la atención el hecho de que mis papás estuvieran ahí, en el desierto, a pesar de que tienen casas y tienen todo en su país y que lo dejaron todo… mi vida empezó a tener otro sentido cuando comprendí que dejaban todo a cambio de un ideal justo…

Héctor Raúl.- ¿Cuál es su mayor orgullo?
Mojtar.- Ser saharaui.

Héctor Raúl.- ¿Cuál fue la mejor enseñanza de sus padres?

Mojtar.- Mejor no puedo decir, sería muy discriminatorio. Pero varias. Se me hace injusto decir la mejor. Una de ellas es la sencillez.

Mi papá es un Chej. En mi país hay 40 Chejs, esos señores en el tiempo de España eran el gobierno saharaui, el consejo de los 40.
Él es uno de esos señores. Eran de los señores que más dinero tenían, que más cosas tenían. Yo llegue a saber eso porque él fue uno de los fundadores del movimiento. Esos señores transfirieron su poder al estado saharaui actual y dieron su riqueza, nunca me hablo de eso.
Sí sentía que mi casa era muy visitada, mucha gente, muchos saludos. Pero normal. También todas las casas son visitadas.
Después de mucho tiempo, uno aprende. Nunca me habló de eso. Y cuando yo lo supe y le pregunto me dice para que te voy a hablar de banalidades de la vida. Soy tu papá y punto. Él nunca quiso aceptar un cargo político y se lo propusieron.
Mojtar recuerda una escena de su infancia que lo marcaría pr el resto de su vida:
Cuando yo iba en primer grado de la escuela, mi hermano estudiaba en Libia y me trajo un muñeco que caminaba y que traía un video del primer viaje a la luna.
El muñeco caminaba hacía ti y veías la pantalla. Yo feliz con mi muñeco y tal. También me trajo ropa bonita aunque a la escuela había que ir en uniforme.
Ya eran los últimos días de clases, sólo íbamos a hacer los grupos musicales y cantar y fiesta. Te podías ir en ropa normal. Yo me puse ropa bonita, me la trajeron anoche de Libia y agarré mi muñeco.
A las seis de la mañana ellos se levantan y toman té. Preparan el té donde el abuelo para que toda la familia venga a tomar el té.
Yo salí directamente de la tienda de campaña que queda atrás, directo para la escuela. Me ve mi papá de lejos, se levanta y me grita, primera vez que me grita, y sí me llamó la atención. ¿Mi papá gritándome? Y además en mi país no se acostumbra gritar, es de mala suerte. Cuando gritas debes tomar un poco de azúcar… para que te endulces.

Me dice: -¿a dónde vas?
  -A la escuela.
  -¿Y el muñeco?
  -Me lo llevo para enseñárselo a mis amigos.
Me lo quitó y se lo dio al vecino, al hijo del vecino. Me lo quitó, lloré y cuando regrese de la escuela se lo había dado al vecino. Era mi único muñeco. Nunca entendí por qué me lo había quitado.
Después me quedó grabado el acto. Hasta la preparatoria me costaba ponerme ropa nueva, siempre se la daba a un amigo, que se la ponga primero y luego yo. Pero nunca supe porqué hacia eso, en el fondo.
Resulta que el hijo del vecino es hijo de un mártir. Mi papá me dijo: “se lo di, porque él no tiene un hermano en Libia que le traiga estas cosas. Y tú vas a ir a presumir”.
De ahí se me quedo inconcientemente el no enseñar nada. Se me quedó grabado de por vida. Me dijo: “y a los hijos de los mártires ¿quién les regala ropa? ¿quién les trae cosas?”.

Héctor Raúl.- ¿Qué es para usted el amor?

Mojtar.- El motor del mundo, lo que lo mueve y lo que lo impulsa.

Héctor Raúl.- ¿Qué significa ser sunita?

Mojtar.-Ser un musulmán más, no hay diferencias radicales.

Héctor Raúl.- Si pudiese pedir tres deseos, ¿qué pediría?

Mojtar.- Tres deseos difíciles, no imposibles, porque se pueden lograr:
1. Que se termine el conflicto en mi país.
2. Poder estar con mi familia por lo menos seis años consecutivos.
3. Terminar mi doctorado.

Héctor Raúl.- Gracias por su tiempo, maestro.

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