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Por Héctor Raúl González 

Foto: Daniel Aguilar

Luego del taller de fotoperiodismo que imparte los sábados –el mismo que Daniel prefiere nombrar “reunión para platicar de lo que nos gusta”–, nos metimos en un restaurante del Centro para pedir unas cervezas, unos tacos de arrachera y una entrevista para llevar.

El cuatro veces ganador del Premio Nacional de Periodismo no dudó en conceder parte de su tiempo para platicar, como dice, de lo que nos gusta, de fotoperiodismo.

Con los tacos en la mesa, las micheladas en los tarros y el organillero amenizando la tertulia comenzamos a grabar esta charla.

Aguilar Rodríguez Daniel

(…depende de quién venga el comentario. Se ha dado… en lo del linchamiento en Haití afortunadamente había otro compañero fotógrafo, pero hubo un tipo en la oficina, en Reuters, que dijo que esa foto era armada, entonces ¿cómo armas un linchamiento? Y [lo dijo] un tipo que corrió con la suerte de que lo mandaran a Haití pero que nunca pegó una nota…)

Daniel nació en la colonia Guerrero, en el Centro del Distrito Federal, “bueno, supuestamente en la colonia Buena Vista pero… es la Guerrero”. Ahí, desde que nació en 1971, vivió durante más de veinte años y orgulloso subraya: “de hecho, siempre he vivido aquí en la zona centro”.

Fue de su papá, arquitecto de profesión, cronista del periódico El Universal, productor de radio y aficionado a la fotografía, de quien obtuvo sus primeras cámaras fotográficas, el gusto por recorrer la Ciudad y la pasión por la fotografía.

HÉCTOR RAÚL GONZÁLEZ: Tu interés por la fotografía surgió cuando saliste con tu papá a fotografiar los desastres del terremoto de 1985, ¿antes de eso tuviste un acercamiento a la fotografía?

DANIEL AGUILAR: Yo normalmente todos los fines de semana salía con mi papá a hacer fotos; recorríamos las calles. Él no era fotógrafo profesional pero su afición por la fotografía era muy grande. De ahí fue de donde nació mi amor por documentar los cambios que va sufriendo la ciudad; siempre me interesó, siempre me lo inculcó y aparte que siempre, desde niño, tuve la curiosidad de ver en los periódicos las fotografías de nota roja y me atrajeron mucho. La fotografía de La Prensa… ver cómo trabajaban los asuntos provocaba mucha curiosidad en mí.

H.R.G.: ¿Cómo se llaman tus papás?

D.A.: Mi papá se llama Luís Aguilar Martínez del Campo y mi mamá Raquel Rodríguez Villanueva… mi papá falleció hace… cerca de seis años y mi mamá sigue viviendo aquí, en el Centro. Ella durante años fue ama de casa y adelante se dedicó a… es agente de… vende seguros.

H.R.G.: ¿Qué siente tu mamá cuando te vas a cubrir situaciones como las de Oaxaca o Haití?

D.A.: Pues mira, muy al principio no daban un peso por esta profesión, creían que era nada más un capricho pero con el tiempo, afortunadamente se dieron cuenta de que realmente es importante esto.

“Normalmente cuando salgo evito alterarlos, pero cuando mi mamá se llega a enterar que estoy fuera trato de estar en contacto con ella porque sí, obviamente como mamá, se preocupa. Afortunadamente ha ido entendiendo que trato de tener los mayores cuidados y todo pero creo que ahora ya entiende un poquito más esto y como que ya está más tranquila.

H.R.G.: ¿Está orgullosa de tu trabajo, de lo que haces?

D.A.: Yo creo que apenas empieza a entenderlo y sí. Siempre cuando que la entrega del Premio Nacional (de Periodismo), que una exposición o que cualquier cosa, ella va y como su gente cercana: vecinos, amigos o tíos, cuando escuchan algo así de mí en la televisión le hablan, ella se emociona. Pero sí, fue difícil al principio para que entendiera que era realmente un trabajo.

H.R.G.: ¿Con qué idea se quedó tu papá de tu trabajo?

D.A.: Él siempre me apoyo. Como que vio que era algo que quería hacer y vio que fui encontrado los caminos. El hecho de que viera mis fotos publicadas le daba la misma emoción que cuando él publicaba sus artículos. Con él fue muy fácil, de hecho, la primera cámara profesional que tuve, ya mía, él me la compró.

H.R.G.: ¿Qué marca era esa cámara?

D.A.: Era una Vivitar… ya no me acuerdo qué modelo. Era una cámara viejita, de hecho, me la vendió un laboratorista de El Universal y con esa trabajé cerca de un año en El Heraldo, ya después me comenzaron a equipar bien.

H.R.G.: ¿Tienes hermanos?

D.A.: Sí, en total somos cinco y yo vengo siendo el cuarto: mi hermana la mayor es contadora; la que le sigue es ginecofarmacobióloga; mi otro hermano es ingeniero, que de hecho ya no está aquí en México, esta en Ecuador; luego sigo yo y luego mi hermano Manolo, ingeniero en sistemas.

H.R.G.: ¿Cómo aprendiste a fotografiar?

D.A.: Lo técnico me lo enseñó mi padre.

H.R.G.: ¿Él cómo aprendió?

D.A.: Con la práctica. Pero él, en su forma de enseñarme, empezó a regalarme libros, pequeñas guías de fotografía y más delante, por sus mismas relaciones conocía fotógrafos que fueron los que me empezaron a dar lo que vendrían siendo tips y más adelante fue ya que en El Heraldo se preocuparon para darme todas las opciones de cursos en Kodak: curso que había, curso al que me enviaban.

H.R.G.: Entonces, desde pequeño estuviste en contacto con la fotografía.

D.A.: Sí, de hecho las primeras fotos que tomé fueron en la primaria: yo tenía una Esquematic y con esa tomaba fotos.

H.R.G.: ¿Dónde estudiaste…

D.A.: …estudié en la preparatoria 5 y más adelante, estudiando la prepa, entré a El Heraldo y pues ya no…

H.R.G.: ¿Cómo se llama tu esposa?

D.A.: Blanca.

H.R.G.: ¿Cómo convenciste a Blanca de que fuera tu esposa?

D.A.: Regalándole chocolates casi a diario y haciéndome como que me la topaba sin querer…

H.R.G.: ¿Cómo supiste que era la mujer de tu vida?

D.A.: Es muy raro. A nuestra hija siempre la soñé como es pero a mí esposa no me la imaginaba… pero resultó… Tiene su carácter pero es el balance. Es como mi balance exacto. Llegó en el momento correcto.

H.R.G.: ¿Cuántos años tenías cuando la conociste?

D.A.: Nos casamos a los 22 años.

H.R.G.: ¿Cuándo te dio el “sí”?

D.A.: Pues nunca me dijo que sí, yo lo supuse y empezamos a salir. Un día nos juntamos en el Café Habana y le dije ‘oye, ¿y si nos casamos?’ Se sorprendió mucho y dijo que sí, entonces ahí fue. Nunca me imaginé que fuera a decir que sí porque ella es mayor que yo por unos años y es extremadamente sería y de un carácter medio difícil.

H.R.G.: ¿Cómo se llama tu hija?

D.A. Bianca. Tiene 13 años.

H.R.G.: ¿Cómo te afectó tu matrimonio y el nacimiento de tu hija al momento de tener enfrentarte a los conflictos y poner en riesgo tu vida?

D.A.: Pues mira, como siempre, siempre, siempre mi esposa me conoció en esto y bueno… y el año en que nació mi hija fue uno de los más complicados porque fue lo de Luís Donaldo Colosio, fueron muchos muertos, fue Chiapas y mi hija creció en ese tiempo y como que ella siempre ha estado conciente, no resignada, pero siempre me ha apoyado y ha disfrutado porque como platicamos y todo, como cada quien tiene su punto de vista y en las pláticas los tres somos importantes y no pesa más uno que otro… el día que llegó ella ha sido pero por mucho, por mucho, lo mejor que nos ha pasado en la vida. El otro día estábamos platicando… cuando nos casamos fue bonito pero cuando nació Bianca… no hay un punto de comparación con eso, no hay nada que se le parezca.

H.R.G.: ¿Hace fotos?

D.A.: Fíjate que ve una imagen y dice ‘está bien, me gusta’ o ‘está mal’ pero no, a ella le gusta más la crítica… si llegara a hacer algo de periodismo yo creo que va a ser algo como de crítica.

De freelance a Reuters

(…tuve que demostrar y luchar más que nada, competir contra fotógrafos de otros países que son extraordinarios; fotógrafos que de eventos sencillos traen unas fotos que te sorprenden y dices ‘órale’. Pienso que los retos se van presentando pero yo lo veo más bien como una súper oportunidad porque tengo la oportunidad de ver y platicar con fotógrafos de todo el mundo. Es una experiencia muy padre que te obliga a tener un mínimo de estándar de calidad.)

H.R.G.: ¿Cómo entraste a trabajar a El Heraldo?

D.A.: Yo compré mis boletos para ir a Fórmula Uno. No teniendo grandes recursos compré unos boletos, los más baratos y me tocó estar en una recta donde no veías, sólo escuchabas el coche, pasaba tan rápido que no lo veías y, pasando rejas, retenes y todo, llegué hasta los pits y fue ahí donde un subjefe de foto de El Heraldo me preguntó, porque ya nos habíamos visto en varios eventos, ‘¿para quién trabajas?’, ‘para nadie’, le dije, y fue que me invitó.

H.R.G.: ¿Cuáles fueron tus logros en ese periódico?

D.A.: Pues a las dos semanas de trabajar ahí ya cubría al Presidente, una de las fuentes más aguerridas. Era Salinas en ese momento; me dejaron el béisbol casi, casi de fuente que era lo que más me gustaba. Me tocó, más adelante, ser el segundo en jefatura para la cobertura de la visita del Papa. En los eventos grandes siempre estaba apoyando al jefe como su brazo derecho y me llevaba a mano en la mayoría de los eventos para las coberturas.

H.R.G.: ¿Por qué te saliste de El Heraldo o por qué te sacaron?

D.A.: Porque una noche le hice un comentario al que era el brazo derecho en Excélsior. En un evento estábamos hombro a hombro trabajando y un reportero me preguntó ‘¿sigues en El Heraldo?’ y yo le dije ‘no pues esta es la última porque ya me voy a ir a Excélsior, ya me invitaron a trabajar ahí’ pero yo lo dije nada más por molestar al otro y a la salida me preguntó si de verdad me interesaba entrar a trabajar a Excélsior, porque en ese momento Excélsior era como el New York Times de México: tenía mucha fuerza, el mejor departamento de fotografía, eran muy aguerridos, con muy buenos contactos…

H.R.G.: Y con mejores salarios…

D.A.: De hecho era el departamento de fotografía considerado el más importante de Latinoamérica. Ellos mandabas tres o cuatro fotógrafos a un mundial, eran fuertísimos, todos tenían que estar bien, eran medio vedettes. Entonces me preguntó ‘¿a poco sí te gustaría entrar aquí?’ Yo dije que sí, pero yo lo dije así nada más y entonces en la noche me dijo ‘habla con el jefe’ y sí, hablé con el jefe y me invitaron a trabajar.

H.R.G.: ¿Cuánto tiempo trabajaste en Excélsior y cuál fue tu mejor fotografía?

D.A.: Cerca de dos años. Todas las coberturas eran muy importantes para el periódico. Era de que ibas a… por decir… policía era muy importante ahí porque como tenías la primera de noticias y tenías que entregarla antes de las siete de la mañana y el extra antes de la una… la competencia era muy fuerte porque en ese momento estaba el Ovaciones que cerraba más tarde y nosotros teníamos que meter las mejores fotos.

Normalmente el jefe siempre estaba checando todos los periódicos y si alguien tenía una mejor foto era muy incómoda la forma en que te regañaba.

H.R.G.: ¿A los cuántos años entraste atrabajar a El Heraldo?

D.A.: Antes de cumplir 18 años pero hubo ahí una onda de que dijeron que sólo iba a aprender y entonces me aguantaron para contratarme y oficialmente ya estar dentro. Estaba casi a días, cumplí los 18 y ya fue que me dieron el contrato porque ahí se manejaba por contratos y al tercer mes si habías cumplido las expectativas ya te daban la plaza.

H.R.G.: ¿Y luego de Excélsior?

D.A.: De Excélsior me fui a un proyecto, cuando La Afición era todavía de El Universal, ahí estuve también como año y medio. Fue muy bueno porque tuve chance de hacer, deportivamente hablando, lo mejor que se iba dando y aparte me dejaron hacer las fotos más cerradas, con un poco más de acción: ya no eran las fotos tomadas con un telefotito sino fotos muy cerradas con mucha fuerza y que lograron meter más acción.

Ahí lo único, lo mejor, fue que conocí a mi esposa.

H.R.G.: Eso fue en 1993, 1994 y faltaban todavía tres años para entrar a Reuters…

D.A.: De ahí regresé a Excélsior, de La Afición regresé a Excélsior y estuve… no me acuerdo bien cuántos meses y en marzo de 1994 salí de Excélsior y entré a la revista Época donde trabajé tres años, hasta 1997, y ya fue que empecé en Reuters.
H.R.G.: ¿Cómo llegaste a Reuters?

D.A.: Porque como siempre me ha interesado mucho la fuente policíaca, yo de todo lo que pasaba me enteraba y ofrecía mis fotos a Reuters y poco a poco me fui ganando un lugar ahí. Cuando tenían necesidad me decían ‘oye ¿te puedes hacer el fútbol?’ y yo decía ‘ah… sí’. Y es parte de lo que te digo, que como fotoperiodista tenemos que tener ese abanico de coberturas: ‘que vas al fútbol’, ‘sí’; ‘que te vas a tal’, ‘órale…’ y yo a todo decía que sí y poco a poco tuve que ir aprendiendo otra cosa que para mí era realmente nueva que fue cuando empezamos a usar las computadoras para transmitir… de hecho en los periódicos no lo había cuando en Reuters ya lo dominábamos. Cuando en las agencias ya dominábamos totalmente el equipo digital, en los periódicos apenas comenzaba.

H.R.G.: ¿Cuál fue tu primer reto en Reuters?

D.A.: Mi primer reto fue demostrar que lo que me interesaba a mí era la foto y no la grilla porque había un fotógrafo ahí que era muy grillero, venenoso como él sólo y era muy político…

“Tuve que demostrar y luchar más que nada, competir contra fotógrafos de otros países que son extraordinarios, fotógrafos que de eventos sencillos traen unas fotos que te sorprenden y dices ‘órale’. Pienso que los retos se van presentando pero yo lo veo más bien como una súper oportunidad porque tengo la oportunidad de ver y platicar con fotógrafos de todo el mundo. Es una experiencia muy padre que te obliga a tener un mínimo de estándar de calidad.

El fotoperiodista, el maestro, el ser humano

(…la fotografía para mí es una forma de expresión y el fotoperiodismo es una forma de informar a través de la imagen. En el fotoperiodismo obviamente yo no busco hacer arte sino simplemente informar lo que veo a través de una imagen; intento llevarle al lector lo que estoy viendo en la forma en que lo veo, siempre con una ética… aunque la ética es un valor muy personal porque yo no podría defender la ética de un gremio sino mi ética personal. El fotoperiodismo es la forma de llevar al lector al lugar de los hechos a través de una imagen…)

H.R.G.: En los talleres que impartes hablas siempre de la ética y dices que en una situación donde tuvieras que decidir entre hacer la fotografía o ayudar a una persona tú ayudarías a la persona y luego, si tienes la oportunidad, tomarías la fotografía. ¿Cómo adquiriste esa ética?

D.A.: Pues mira… realmente… vamos, los valores vienen desde el hogar y yo sé, por eso te digo que son valores muy personales, lo que está bien y lo que está mal y es lo que aplico: tratar de hacer las cosas que desde mi punto de vista están bien. De repente tal vez podré equivocarme, pero en esos casos… ya veinte años de fotógrafo trabajando en medios, me he dado cuenta que no he tenido quejas de gente de que mis fotos han sido malintencionadas; nunca he tenido un comentario o una observación en contra de mi ética. Las criticas han sido más de compañeros pero que, cubriéndose en el anonimato, se avientan como gente sin valor y que son criticas que no me importan porque yo no trabajo para tener contentos a los fotógrafos, yo trabajo para una sociedad y para una empresa y mientras no haya observaciones de falta de ética, por falta de profesionalismo por parte de mis jefes o de algún lector de algún periódico creo que estoy haciendo lo correcto.

H.R.G.: ¿Naciste para hacer fotografía, para ser fotógrafo?

D.A.: Estoy convencido de eso, no me imagino haciendo otra cosa.

H.R.G.: Esa era la siguiente pregunta. ¿Qué serías si no fueras fotógrafo?

D.A.: Por más… Me encanta la música pero mi único acercamiento a la música fue cuando me compré una batería y me di cuenta que no… Pero no, por más que le pienso no me imagino haciendo otra cosa.

H.R.G.: ¿Qué tanto influyó tú personalidad en que fueras escalando medios?

D.A.: Es como en todo: a mí me han puesto muy claro que esto es de luchar y de un aprendizaje diario. Lo que ha hecho eso de poco a poco y en varios medios… siempre he pensado que no puedes modificar tu esencia como ser humano. Lo que yo siempre digo es que cuando pierdes la humildad, porque una cosa es ser humilde y otra cosa es navegar con bandera de hipocresía, pero la misma gente detecta cuándo estás fingiendo y cuándo no. A mí eso es lo que me ha servido, para aclarar, para no perderme… y estar orgulloso de tus avances y tener muy claras tus raíces, tu origen, porque cuando reniegas de tu origen… Debes saber cómo ha sido tu crecimiento, estar contento de eso y siempre tratar de ser mejor en lo que haces y como persona…

Desde que inició la “conversación sobre lo que nos gusta”, Daniel sólo se había dedicado a contestar las preguntas descuidando sus tacos y su cerveza por lo que para este momento los tacos debían estar fríos y la cerveza caliente…
Luego de la insistencia aceptó interrumpir nuestra charla un momento para dar dos, tres mordidas y un par de tragos…

H.R.G.: En una “conferencia” que dieron en la Facultad tres reporteros de Reforma, nos comentaron que en ese periódico es obligatorio vestirse con camisas, pantalones, zapatos de vestir y corbata y que en el caso de los fotógrafos, si un fotógrafo de Reforma aparece en la fotografía de otro medio lo despiden…
D.A.: Mira… ahí lo que pasa es que en la parte romántica deberíamos pensar que los medios deberían ser más tolerantes. Supuestamente un medio como que tiene ese toque de rebelde… pero Reforma es una empresa y si tú aceptas sus condiciones de trabajo no puedes modificar cosas que tiene una empresa. Es como si yo estuviera trabajando en Televisa y dijera ‘¿sabes qué? ahora quiero que metan un departamento de fotografía’, o sea, las reglas ahí ya están hechas.
“Hay muchos espacios… como fotógrafo… y si tienes la necesidad de mantener tu hogar y todo eso y estás empleado en un lugar así… son decisiones muy, muy personales. Yo no puedo criticar a los fotógrafos de Reforma porque se tuvieron que alinear, además hay fotógrafos que están superfelices trabajando ahí.
“Tal vez yo pueda estar en contra de usar corbata pero si son las reglas… y yo creo que es parte de lo que hay que respetar, puedo no estar de acuerdo pero no me atrevo a criticar que los compañeros acepten eso porque es una empresa y ellos sabrán si lo aceptan porque son decisiones muy personales.
“No es regla entre todos los fotógrafos pero normalmente el fotógrafo como que tiene ese toque de ser un poquito más rebelde pero yo no podría hablarte de la ética en general del medio, del gremio en general como fotoperiodista porque es algo tan personal. Yo por decir lo tengo muy claro: no puedo hablar de un fotógrafo si no lo conozco y hay muchos fotógrafos que hablan…
“Nada más un ejemplo: una vez, cuando anuncian lo del World Press Photo, con la foto de Oaxaca, como a los dos días me habla Jesús Villaseca y me dice ‘oye muchas felicidades… es que a los muchachos de acá de El Faro les gustaría que vinieras a platicar’. Yo ya había ido anteriormente ahí y sabía que no era por eso la invitación sino por los rumores que había y le dije que iba con una condición, ‘quiero que invites a todos los fotógrafos que estuvieron en Oaxaca, que vayan, invita a todos, a todos’ y me dice ‘oye… pero…’, le digo ‘no, no, no, si no van… tú nada más los invitas, si van o no van es otra historia pero si no los invitas yo no voy’. Entonces ahí van los fotógrafos, los que andan… o sea, los que andaban abriendo la boca son los que no fueron. Llegaron varios y yo les pregunté ‘¿cuál es el punto? ¿Quién dijo esto?’ y me contestan ‘es que dicen…’ ¿Y sabes qué? En el periodismo yo no puedo decir ‘es que dicen que el Presidente Calderón es narcotraficante’ porque yo tengo que documentarlo. Entonces a ver: ‘aquí están los compañeros, ¿qué comentarios tienen de que Daniel posó sus fotos de Oaxaca?’ Y empiezan: ‘yo nunca vi nada, a mí me dijeron’. Después de todo lo que hicieron ahí, resulta que nadie dijo nada ni vio nada y empecé a amarrar navajas: ‘es que tú me dijiste en algún lado esto’, ‘no, no, no, a mí me dijeron’ y ahí todo el mundo se desdijo de lo que habían dicho porque no hay valor y en el periodismo lo que hay que tener es valor. Si en la calle, cuando tú vas manejando un coche, alguien se te cierra y le mientas la madre corres el riesgo de que se baje, que te amenace o te ponga… en toda acción tienes que ser responsable de lo que hagas y es lo que les dije a ellos, ‘lo que anduvieron diciendo, díganlo’.
Los de La Jornada estaban bien dolidos porque los días principales casi siempre la portada me la llevé yo, pero por trabajo, no porque le hablara al director y le dijera ‘sabes qué, ahí te encargo mis fotos’…
H.R.G.: ¿Qué sientes cuando tus colegas se portan así contigo?
D.A.: Al principio me afectó mucho eso, de hecho hubo amenazas de demanda por parte de la Agencia (Reuters) a los que andaban diciendo eso, les dijeron ‘publíquenlo y los demandamos, pero si están seguros de lo que están diciendo nada más publíquenlo y ya’. Nadie lo publicó porque no había elementos. Además como tuve el apoyo total de mis jefes y de la gente. Por eso, meterme… es gente, primera, que no vale la pena en el aspecto de que no tiene el valor de decírtelo de frente, además son malos fotógrafos y como personas son una cochinada. No vale la pena perder el tiempo pelándome con ellos, yo voy a trabajar.
Con la gente que no vale la pena, porque son cobardes y mediocres, no vale la pena discutir, distraer tu tiempo en esas cosas. A mí se me hace mucho más valioso venir a esto de… que no es curso, más bien es venir a platicar de fotografía, yo realmente no me atrevo a decir que es un curso de fotografía, venimos y platicamos de lo que nos gusta, pero se me hace mucho más valioso esto a meterme en chismes de gente mediocre y cobarde. No vale la pena.
Ahí está la gente de La Jornada: si ellos sabían que era armada la fotografía… imagínate qué súper nota hubiera sido decir ‘fotógrafo de la Agencia Reuters arma foto’. Era una nototota, sí, es una mega nota y ¿por qué no lo hicieron? Por su mediocridad, su falta de colmillo y experiencia en conflictos no se dieron a la tarea de hacer contactos y todo eso; la información ahí está pero si no tienen la forma de cacharla.
Todos esos intentos o malos intentos de fotoperiodistas no valen la pena y lo padre es que siguen hundidos en su mediocridad y son los que no aportan.
H.R.G.: ¿Cómo has mejorado tu técnica? ¿Cómo te has actualizado?
D.A.: Pues realmente me he dado cuenta que me falta mucho que aprender y ahora disfruto mucho yendo a una librería a comprar libros, a cursos que me entero, exposiciones que hay… aunque muchas veces no sean cuestiones de fotoperiodismo pero el hecho de tener la oportunidad de ir a una exposición de fotografía te abre mucho la visión… Haciendo una autocrítica de mi trabajo… Viendo muchas imágenes y aprendiendo de los demás porque, para criticar… que creo que es la cultura aquí, criticar y tratar de descalificar, pero cuando ves fotografías de compañeros y te das cuenta de que se aplicaron, que estudiaron, que se atrevieron y en su momento desarrollaron bien una imagen es de lo que aprendes…
H.R.G.: Premio Nacional de Periodismo 2000, 2002, 2004, 2007; en el 2000 y 2004 el Pagés Llergo; tercer lugar en el World Press Photo del 2007; Premio Internacional Rey de España 2004; Tercer Lugar en el Photo International News The Best Photojournalism 2005… ¿Cuál es tu siguiente objetivo? ¿Qué te hace falta lograr?
D.A.: Mira, los premios se van dando pero lo que tengo muy claro que quiero hacer es un libro… no de un tema en especial sino de fotoperiodismo, lo que son mis fotos… es de lo que tengo mucha ilusión.
H.R.G.: Un libro con tus fotografías…
D.A.: Sí, y a la larga me encantaría y es más, daría lo que fuera por que hubiese una escuela de fotoperiodismo en México, pero una verdadera escuela de fotoperiodismo en México… hay muy buenos fotoperiodistas en México pero el valor de una carrera que en la mayoría de los países del mundo la hay…
H.R.G.: ¿Por qué tú y dos colegas más deciden hacer un taller? Muchos fotoperiodistas son envidiosos y no comparten sus experiencias ni conocimientos. ¿Por qué a ti te gusta compartirlos?
D.A.: Porque yo corrí con la suerte de que lo que he aprendido ha sido porque los fotógrafos, y en el caso ahorita de Reuters, se han preocupado mucho por mi preparación. Es una enseñanza diaria y me gustaría poder devolver algo a la profesión que me ha dado tanto y creo también que entre más preparados estén los fotoperiodistas, entre mejor hagan su trabajo, esta profesión va a ser mucho mejor. Entre más competencia haya vamos a crecer como gremio; eso es lo importante. Yo me siento a gusto con mi trabajo pero entre más competencia tenga voy a ser mucho mejor cada vez…
H.R.G.: ¿Hay muchos fotoperiodistas mediocres?
D.A.: No en general pero sí hay mucha gente que daña esto y son los que están trabajando ahorita, así que, aunque haya muy buenos, los que están en puestos claves, sobre todo algunos editores de algunos periódicos, algunos que lograron hacer proyectos como agencias particulares, son mediocres y dan la sensación de que todo el mundo es así, y no, hay gente independiente, hay gente que hace cosas, que hace muy buen trabajo… no podemos generalizar, pero tristemente salen a relucir más las cosas de los mediocres y de los cobardes que nos afectan.
“Creo que también el hecho de poner en la mesa de la discusión lo que tú piensas y tomar puntos de vista de otra gente, cuando cuestionas, cuando debates creces y tu grupo, con la gente que estás, en este caso las platicas que tenemos en lo que vendría siendo el curso… vamos a crecer . Yo he aprendido mucho porque simplemente tienes que aprender a defender lo que piensas. Estoy muy convencido de lo que hago pero si de repente no tenemos la capacidad de debatirlo en una plática pues ahí puedes llegar a perder. Yo aprendo mucho en esto, el hecho de la discusión es importantísimo, el intercambio de ideas, platicar de proyectos son cosas muy valiosas para la profesión.
“Me motivan mucho este tipo de cosas. Normalmente en un sábado podría estar viendo la tele por la mañana con mi familia pero el platicar o simplemente eso de los cursos de sobrevivencia que aquí no te dan y que yo corrí con la fortuna de tomar, y si a alguien le puedo pasar ese conocimiento y en algún momento le sirve de algo… ya se me pagó todo.
“Pienso que el conocimiento más padre es el que se comparte, si yo aprendiera a guardármelo ¿qué gano? ¿Si yo no tengo con quién compartirlo?
H.R.G.: Eres una persona a la que le gusta contar historias y he visto que cuando las cuentas te concentras mucho en ellas y nada interrumpe tu discurso. ¿Así te concentras para hacer fotografías? Digo, independientemente de que tienes que estar al pendiente de las piedras y las balas…
D.A.: Pues yo siempre voy con la mente abierta para lo que puede suceder pero si no vas de esa forma ¿cómo vas a poder plasmar algo para la gente? ¿Si no estás buscando la forma? Porque la fotografía viene siendo al final como un discurso, gráficamente, pero si no vas con esa idea de poder resumir… ‘esto es lo que tengo que resumir, esto es lo que debo plasmar’, o sea, hablando puedes decir mil cosas: ‘una vez yo vi un avión que se cayó y de repente logró levantarse’, si tienes facilidad de palabra lo vas a poder platicar muy bonito pero en mi caso lo tengo que hacer en una fotografía, entonces, si no estás concentrado, tratando de que toda la información que te está llegando sea asimilada rápidamente, no vas a poder plasmarla… es la gran ventaja y el gran reto de la fotografía, cómo plasmar todo en una fotografía.

La muerte vista a través de su lente

A través de su cámara, Daniel ve un rostro, la mirada fija, los ojos sin expresión, incluso cuando una bota le aplasta el rostro para mantenerlo quieto. La verdad es que ni siquiera es necesario. Sin la bota presionando hacia la ventana o, aún, sin ataduras en las manos, estaría quieto, con la mirada fija. Estaría ahí inmóvil, mirando a Daniel sin mirarlo.
Ana Luisa Anza, Cuartoscuro

H.R.G.: Una crónica en Cuartoscuro decía que tú no sólo has visto muertos sino también has visto a la muerte –yo digo que has retratado a la muerte– haciendo referencia a las fotos de Haití. El fotógrafo Kevin Carter no resistió y terminó por suicidarse luego de ser comparado con el buitre de su fotografía. ¿Cómo haces, siendo tan humano como eres, para resistir y que no te afecte gravemente fotografiar la muerte?
D.A.: Yo me siento afortunado porque realmente el apoyo está en mi familia. Nunca había visto cómo moría alguien. Lo analizo desde mi profesión: estaba ahí y hubo un momento en que de plano yo no podía hacer nada, mi incapacidad… y en el momento que estaba la situación yo no podía haber hecho algo más… aunque me sigo preguntando qué tanto podía haber hecho y si hice realmente lo correcto… pero en ese momento yo creo que cada quien tiene que hacer lo que debe: yo tenía una misión ahí y la tenía que hacer y el capturar esas imágenes no son nada más el hecho de que se muere alguien y hacer las fotos y ya, sino de mostrarle a la gente que esta etapa de la humanidad tiene aún cosas tan brutales que todavía en la época de la Conquista o en algún otro tiempo de la historia de la humanidad podían haber pasado pero… en este momento, que haya linchamientos de esa forma…
“Posteriormente de ese linchamiento, cuando platicaba esa historia e informaba que sigue pasando, hubo gente que pensó que era muy exagerado que pasara eso en Haití aunque, de hecho, en México ha sucedido pero no se había documentado y meses después pasó lo de Tláhuac.
“Tú como fotoperiodista ¿qué sería más grave, informar o no informar de eso? ¿Qué podía pasar si lo de Tláhuac no hubiera salido? Que hubiera un veto sobre esa información que se tiene que decir para entender cuál fue la problemática y encontrar las razones por las que pasó así y tratar de evitar que vuelva a suceder. Esa es la labor del periodista pero si no se hubiera documentado lo de Tláhuac, los políticos, el gobierno hubiera dicho ‘sí, nadie se enteró’, pero no, la labor del periodista es informar lo que está pasando para evitar que vuelva a suceder y en mi caso, con lo del linchamiento en Haití, ya cuando estuve en un momento sólo, con mi esposa, fue extremadamente fuerte para mí… pero tengo muchas cosas donde encontrar mi fortaleza…

Egos aparte

El mesero por fin puede retirar el plato de Daniel y anotar la orden de seis cervezas más. A la mesa se incorpora Jorge Serratos, reportero gráfico de El Universal, otro de los fotoperiodistas que imparten el taller. ‘¿Es una entrevista?’ –pregunta.
Los árboles de Gante ya no son suficientes para cubrir el sol que casi cae a plomo entre los edificios. El mimo sigue con la misma rutina desde hace dos horas y las canciones de Shakira dificultan cada vez más la “plática de lo que nos gusta”. Aún así, con los ánimos refrescados, seguimos charlando y la cinta vuelve a girar.
A pesar del tiempo robado, Daniel, con su mirada fija, sigue poniendo atención a todas las preguntas… vuelve a echar el cuerpo hacia delante, junta nuevamente sus manos y escucha.

H.R.G.: En ese mismo texto de Cuartoscuro, Ana Luisa habla del ser extraño, extranjero, que en ese momento pasó desapercibido y dejó de existir para los lugareños… A muchos fotógrafos nos cuesta trabajo hacer eso porque creo que el periodismo tiene que ver con el ego pero contigo hemos aprendido que la fotografía tiene poco que ver con eso porque es mejor pasar desapercibido en un conflicto para hacer mejores fotografías… En el caso del linchamiento ¿cómo lograste que tú y tu cámara no se vieran?
D.A.: Ahí fueron dos cosas: yo aprendí, y me he manejado de esa forma, que, entre más discreto seas, más oportunidad vas a tener. Pero si llegas como fotógrafo y haces como Alatorre: ‘eeeeesssta noooooche…’, es decir, crecer las notas… la información ahí está y no necesitas ni crecerla ni bajarle de tono, o sea, las cosas están de la magnitud que son, esa es la parte de la ética, que es un valor muy personal.
“Para esos cuates de Hechos de TV Azteca –que es una basura de noticiero–, el gritar y el aumentar, magnificar las cosas, es su costumbre. En mi caso, nunca me han exigido tener que hacer esas payasadas para hacer un buen trabajo. Mi empresa, Reuters, nunca te exige exagerar la noticia, es más, hasta te castigan, te regañan si tratas de ser el protagonista. La noticia es una y el informador nada más va, capta e informa. Sí pasa mucho eso del ego, me doy cuenta en las pláticas que hemos tenido y luego, es lo más tonto que puede haber en esto porque con el tiempo la foto no es tuya y ni quien se acuerde de quién la tomó, la fotografía pasa a ser de la gente, de la humanidad.
“Ahí, en Haití, fue el hecho de que tanto yo traté de ser discreto, que es difícil en un país donde no es tu tierra y luego, luego saltas y en un pueblo tan pequeño como ese donde todo mundo se conoce por nombre y apellido… fue en parte la discreción y también el odio que estaba en el aire en ese momento: la gente estaba tan metida en lo suyo que nunca se preocuparon por mí y como nunca salté encima de las llamas ni me aventé al piso para hacer la foto, o sea no, porque es como una película donde tú vas y captas y tratas de no influir en el evento. Normalmente la mayoría de los humanos cuando vemos una cámara tenemos una reacción, pero entre menos influyas en la situación, es decir, a ver ahora voltéenlo para acá, pónganlo así…
H.R.G.: ¿Cuál es la peor situación que has vivido como fotoperiodista?
D.A.: Yo pienso que fue Haití… Es por los idiomas que no fue nada fácil, pero también me dejó algo muy claro: en el caso de los fotógrafos los idiomas son una herramienta pero si no entiendes la situación que está pasando y encima de eso le echas las carencias del idioma…
“Pero donde más miedo sentí fue una vez en una carretera donde se nos vino un cerro encima y fue la única vez que me di cuenta que me pude haber muerto en ese instante. En el linchamiento me llegó después la idea de que si se alocaban me agarraban a mí también, pero en el caso del deslave, en la carretera México-Toluca, sí sentí mucho miedo.
H.R.G.: Tu mayor gratificación como fotoperiodista…
D.A.: Han sido varias. A mí lo que más me emociona es cuando, después de una buena cobertura, cuando sabes que hiciste un buen trabajo, paso frente a un puesto de periódicos y veo una foto mía publicada en portada…
H.R.G.: ¿Después de 20 años sigue emocionándote eso?
D.A.: Sí, mucho. Esa parte es la que más me gusta de mi trabajo porque es una competencia real en los medios. Me levanta.
H.R.G.: ¿Qué es para ti la vida?
D.A.: Yo dependo mucho del fotoperiodismo pero la vida está ante todo y es una oportunidad que tienes, realmente no es tan larga como parece muchas veces, ni tan corta como pensamos. No hay una medición, no sé cuánto pueda durar. De repente es un instante…
H.R.G.: ¿Sigues esperando “la foto”?
D.A.: Sí. Yo todavía no siento que tenga una foto con la que diga ‘con esta ya’ porque aparte ahí es donde serían dos cosas, lo personal como fotógrafo y como fotoperiodista donde realmente no sabes… Vamos a la esencia del periodismo que trata tanto de rescatar lo bueno de la vida como de denunciar lo malo… y qué mejor que ya no pudiéramos hacer fotos violentas, que ya el periodismo fuera sólo mostrar lo bueno y ya no cosas malas como corrupción, muertes, cosas que no deberían pasar, pero el hecho de pensar que como fotoperiodista quiero hacer una mega foto es como pensar que necesito que alguien se muera súper padre para tener una foto y no, yo creo que lo ideal es que el fotoperiodista ya no tuviera que hacer fotos así.
“Cuando te preguntan ‘y cómo te fue’ y dices que bien es porque tienes las fotos donde la PFP está capturando a alguien. Yo pienso que, como fotoperiodista, cuando digas ‘me fue muy bien’ es porque ya no tienes que andar denunciando tanta cochinada.
H.R.G.: Algunos compañeros a los que les mostré tus fotografías me dijeron que tus fotos les provocaban coraje, rabia…
D.A.: Es que es parte de lo que debes provocar en la gente: una reacción, para que tengan un punto de vista importante… ¿qué va a pasar el día que yo tome una foto en un operativo de un policía deteniendo a uno que vende drogas? La gente de afuera va a decir ‘qué padre’ pero los familiares del vendedor van a decir ‘qué gandalla’. Ahora, ¿qué va a pasar cuando yo saque una foto de un narcomenudista disparándole a un AFI? Habrá gente que diga ‘hay que bien, pinches federales’. Va a ser un choque de muchos contrastes… la reacción de cada quién depende de quien vea la foto.
H.R.G.: ¿Sientes que está en peligro tu vida por las fotografías que haces?
D.A.: De repente, pero no es mi preocupación, no me quita el sueño porque creo que lo he hecho de forma imparcial, de buena onda, no he tenido una tendencia, no he tratado de beneficiar a un grupo, no voy con la AFI porque me estén pasando una lana y por eso hago operativos. Yo creo que tienes más riesgos cuando fue intencionado o hubo una cochinada ahí. Si una persona es atacada por mí se va ir contra mí.
H.R.G.: ¿Qué es para ti la muerte?
D.A.: Pues es el final de un proceso y… realmente yo tengo miedo de la muerte y… también es un reto de aprovechar el tiempo que tienes para hacer las cosas bien… yo antes pensaba que para todo hay un momento pero no, el momento sirve para hacer todo lo que puedes hacer en ese momento.
H.R.G.: ¿Vives “al día”?
D.A.: Pues trato que cada día sea el mejor y trato de aprovechar lo máximo a mi hija, trato de hacer el mejor trabajo, trato de aprovechar a mis amigos pensando en que no sé exactamente cuándo voy a dejar de tener la fortuna de disfrutar esto, de estar aquí… ahorita estoy contigo, me la paso súper bien, al rato llego con mi hija y la disfruto lo más que puedo; si al rato me toca un evento… disfruto haciendo las cosas. Lo que hago trato de hacerlo, sin afectar a nadie, lo mejor que puedo y de la mejor forma.
H.R.G.: ¿Hay algo que no te haya preguntado y quieras decir?
D.A.: Pues que mira, primero hay que hacer las cosas; que me siento muy afortunado porque hago lo que siempre me gustó y lo que siempre me llamó la atención; gracias a la vida estoy en el camino que quería y que mientras hagas lo que te gusta sin dañar a los demás, creo que está bien. Mientras hagas cosas que no dañen a otros estás hecho.
H.R.G.: ¿Eres una persona buena?
D.A.: Trato de ser bueno. De que he cometido errores… cuando era más chavo… la forma de tratar a mis padres y muchas cosas… ahora no puedo arreglar esas situaciones pero sí puedo tratar de ser mejor cada vez. Realmente no sé si soy buena persona. Trato.
H.R.G.: ¿Haces cosas para afectar a los demás?
D.A.: No. Siempre le mido. Cuando veo que puedo dañar a alguien me freno porque sé lo que es bueno y lo que es malo. Siempre me rijo por no hacer lo que no quiero que me hagan, no puedo fregar a alguien para evitar que me frieguen a mí.

La entrevista terminó pero la conversación sobre fotografía duró un poco más: sus “alumnos” continuaron pidiéndole consejos a Daniel para vender sus fotografías, para armar un portafolio, para no morir en el intento.
Lo que nos reunió alrededor de una mesa de un Restaurante en el Centro del Distrito Federal fue lo mismo que boicoteó la tan agradable conversación: el fotoperiodismo.

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5 Comments

  1. El buen Daniel, todo un ejemplo de persona y fotógrafo.
    Esta foto realmente me transmite todo el miedo, me gusta y no.

  2. Muchisimas gracias por esta exelente entrevista, Daniel: gracias por recordarme el “Hacer las cosas correctas, por el motivo correcto´´ GRACIAS.

  3. Excelente… para nuevos y viejos es bueno recordar y aprender lo del principio y lo de hoy…
    Me gustaría saber dónde puedo contactar a Daniel para una plática a fotógrafos de un Diario.. Gracias.

  4. Hey! Dónde da el taller? Sabes cómo contactarlo? Es mi inspiración!!

  5. Muy buena entrevista. vale la pena para conocer lo grande en persona y espiritu que es daniel.


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